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Millones con empleo también sufren la recesión

En estos días, en cubículos, fábricas y tiendas, trabajadores ansiosos están tratando de aminorar los temores económicos que los asaltan con algo así como "bien, por lo menos tenemos un trabajo''.

Sin embargo, para muchos esto se está convirtiendo en un consuelo insuficiente debido a que los empleadores recortan las horas y sólo contratan a trabajadores de tiempo parcial.

La gente que cobra comisiones por su trabajo sufren a medida que las ventas disminuyen. Y los trabajadores estatales en todo el país reciben licencias no pagadas.

Estos trabajadores no se computan en la tasa de desempleo, que alcanzó el 8.1 por ciento en febrero. No tienen derecho a recibir beneficios federales que otorgan una red de seguridad a los desempleados. No obstante su sufrimiento es real, y el hecho de que gasten menos afecta la economía.

Llamémoslos heridos ambulantes de esta profunda recesión: millones de trabajadores cuyos ingresos disminuyeron a pesar que han conseguido mantener sus empleos. La paga reducida ha obligado a muchos de ellos a realizar sacrificios dolorosos.

"No podré comprar los víveres que necesito para asegurar que mi familia pueda comer hasta fin de mes'', dijo Rhonda Wagner, empleada estatal de 52 años de California que acababa de absorber un recorte salarial del 9 por ciento debido a la licencia no pagada impuesta por el estado.

Antes del recorte salarial, Wagner dijo que su sueldo del Departamento de Vehículos de Motor apenas le alcanzaba para pagar sus cuentas. Ahora señala que tendrá que enfrentar una ejecución hipotecaria y luchar para pagar los servicios públicos que recibe.

"Tendré que privar de algo a Peter para pagarle a Paul'', afirmó. "Se supone que trabajemos a pesar de que no nos pagarán''.

El año pasado más de 4.5 millones de trabajadores dependieron por lo menos parcialmente de una paga variable, que incluye propinas y comisiones, según las cifras del Departamento del Trabajo. Además, el número de trabajadores obligados a trabajar parcialmente en vez de a tiempo completo aumentó un 76 por ciento el año pasado.

El número promedio de horas que trabajan cada semana todos los que tienen empleo también se redujo. Los sectores que pagan grandes comisiones, como es el caso de las ventas al detalle y de automóviles han resultado muy perjudicados.

No obstante, los trabajadores cuyas horas o comisiones disminuyeron se encuentran en mejor situación que los que perdieron totalmente sus empleos. A pesar de que a los trabajadores se les conceden menos horas de trabajo, el promedio de los salarios por hora siguió aumentando durante el año pasado.

Sin embargo, muchos de los que conservan sus trabajos tienden a sufrir durante las recesiones al igual que los desempleados, dijo Edward Lazear, profesor de Dirección de Recursos Humanos en la Universidad de Stanford y ex presidente del Consejo de Asesores Económicos del presidente George Bush.

Debido a que la recesión reduce la demanda de bienes y servicios, las compañías que no se deshacen de trabajadores deben exprimir ahorros de la fuerza laboral que sigue trabajando. Lo típico en este caso es disminuir las horas de trabajo.

Y en la medida en que la recesión persista, la creciente competencia por empleos tiende a rebajar salarios y beneficios. Las compañías pierden toda iniciativa para elevar lo que pagan por salarios.

"Otras personas compiten ahora con uno por ese empleo, y están dispuestas a aceptar ese mismo trabajo por un salario inferior", explicó Lazear.

"Aunque esto podría no ocurrir en un mes determinado, en los tres próximos años el crecimiento salarial será inferior a lo que hubiera sido en caso de no sufrir una recesión''.

Cuando las compañías recortan o congelan los salarios de los trabajadores y empleados, estos tienden a sentir los efectos de manera gradual.

Por el contrario, en los casos de las camareras, los vendedores de autos, los empleados de tiendas al detalle y otros cuyos ingresos variables dependen de los ciclos económicos, una reducción salarial tiende a ser tan pronunciada como rápida, señala Sylvia Alegretto, una economista de la Universidad de California en Berkeley.

Esto se debe a que la compensación que depende de las ventas es más sensible a las variaciones del gasto de los los consumidores.

"Ellos van a verse muy perjudicados, toda vez que las propinas, las comisiones, las horas extras y todas esas cosas, al igual que las horas habituales, serán recortadas'', mientras la economía se recobra, dijo Allegretto.

Es difícil cuantificar el efecto ya que el Departamento del Trabajo no rastrea el pago total de este sector de trabajadores, explicó.

Pero para muchos, el sufrimiento ha sido rápido y profundo.

Hasta el año pasado, Michael Klein, de 58 años, ganaba anualmente unos $125,000 vendiendo Hummers, SUV en un concesionario de Concord, California, cerca de San Francisco. Con 20 años de experiencia, Klein se había acostumbrado a vender entre 15 y 25 vehículos mensuales. Entonces el precio de la gasolina se disparó y los préstamos se secaron.

Lo mismo le ocurrió a su base de clientes.

Ahora Kevin trabaja siete días a la semana durante 12 horas diarias para vender apenas 8 vehículos al mes. Sus ingresos se contrajeron en más de la mitad.

Habitualmente sólo le pagaban comisiones. Pero cuando los negocios sufren, su concesionario paga un subsidio para asegurar que lo que reciben mensualmente sus vendedores no sea inferior a $1,500.

En estos tiempos Klein ha vendido tan pocos carros que por primera vez cumple los requisitos para recibir el subsidio. Klein, divorciado y con hijos adultos, puede asumir dos terceras partes del pago de su hipoteca. Está tratando de renegociar su préstamo. No obstante, el banco le ha comunicado que sus pagos llegan tarde y son insuficientes.

"Les dije que si pueden llegar a un acuerdo conmigo sería perfecto. De lo contrario, que se queden con la casa'', contó Klein. "Pero ellos no quieren la casa''.

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