Nation & World

Dos policías de Hialeah tienen especial empeño investigativo

La llegada de un costoso equipo de esgrima a la casa de empeño resultó sospechosa para los policías de Hialeah Tony Llaneras y Osvaldo González.

En primer lugar, porque el propietario de los implementos resultó ser un joven de 18 años llamado Jorge Pérez, quien se deshizo de esos objetos tan caros por sólo $100.

Había otro indicio de que algo andaba mal: el nombre del joven no coincidía con el que aparecía en un chaleco: Oliveras USA.

Llaneras y González, investigadores de la Unidad de Casas de Empeños de la Policía de Hialeah, no tardaron en lanzarse a la caza de Pérez y Oliveras.

Pero hacer un arresto no sería fácil. Para resolver su caso los policías tendrían que encontrar al supuesto ladrón y a su víctima.

Aunque no se trata exactamente de CSI Miami, Llaneras y González han tenido mucho éxito en una línea de trabajo que alegra a las víctimas y mete en la cárcel a los villanos.

"Somos la última línea de defensa en la recuperación de propiedades'', dijo González. "Si se venden en las calles son imposibles de recuperar. Si el malhechor se dirige a una casa de empeño, existe una ligera posibilidad, y si logramos encontrar la víctima podemos recuperar la propiedad y sacar de circulación al delincuente''.

La pareja trabaja en el segundo piso de la estación de Policía de Hialeah, cerca de una pequeña habitación destinada a las pruebas, con fundas de plástico, montadas en la pared.

Los dos hombres --que cuentan con la ayuda temporal de dos policías-- forman la Unidad de Casas de Empeño. El jefe de la policía los mudó a ese lugar en abril.

La última vez que trabajaron juntos fue en 1989, cuando formaban parte de una unidad para enfrentar a la delincuencia que intentó poner fin a los robos en la ciudad.

González, un veterano de 21 años, fue guardia de prisión del Condado Miami Dade durante cuatro años antes de ingresar en el departamento.

Llaneras dedicó buena parte de sus 23 años en el departamento a investigar a los delincuentes avezados. Antes de llegar a Hialeah había sido sargento de la Policía de la Fuerza Aérea.

"Tony es el experto en informática'', dijo González. "Es el que le da caza a los delincuentes''.

Según Llaneras, "[Osvaldo] es un as cuando habla con la gente y le saca información. Es del tipo extrovertido y yo más bien trabajo entre bambalinas. Funcionamos muy bien juntos''.

Todos los meses estos policías veteranos revisan unos 10,000 talones provenientes de las 61 casas de empeño de la ciudad y varios centros de juego.

Separan las partidas que parecen sospechosas, ubican las tiendas donde las recibieron y comprueban si coinciden con bienes robados según los reportes de la policía de la ciudad y zonas aledañas a ésta.

Debido a que muchas ciudades vecinas no tienen casas de empeño, tratan de impedir que Hialeah se convierta en una zona a donde vayan a parar los bienes robados.

Han arrestado a un limpiador de alfombras que robaba piezas aquí y allá mientras esperaba que se secaran las alfombras de los clientes. Y al hombre que penetraba en las casas, robaba equipos electrónicos y joyas y las entregaba a su novia para que ella los empeñara.

A veces sale a relucir un nombre. Una persona que frecuenta las casas de empeño, u otra que tiene nutridos antecedentes penales.

Puede ser que no haya nada malo, pero también puede tratarse de algo que fue robado.

En ocasiones la búsqueda es inútil. Como en el caso de un hombre con antecedentes penales que incluían robo con allanamiento de morada y robo a mano armada. Había empeñado joyas por $5,000, entre ellas anillos, cadenas y otras.

Esto significa que las piezas valían entre $20,000 y $25,000. Pero los investigadores nada pudieron hacer porque la mercancía carecía de señales de identificación.

"Lo más difícil es encontrar a las víctimas'', dijo González. "Resulta frustrante. El tipo es un sinvergüenza. Uno sabe que son cosas robadas, pero si no podemos dar con la víctima, simplemente no podemos encausarlo''.

En el caso de los implementos de esgrima empeñados dieron con el malhechor sospechoso y con su víctima.

"Localizar a Jorge Pérez y, lo que era más importante, a su víctima, Oliveras, nos dio mucho trabajo'', confesó González.

Primero, los policías detectaron rápidamente al adolescente, quien admitió que un amigo le había dado $20 por vender los implementos y que él sabía que eran robados. Lo encontraron debido a que la ley obliga a los propietarios de casas de empeño a obtener una copia de la licencia de conducir del vendedor. En este caso, la dirección era la verdadera.

Encontrar a Oliveras dio más trabajo, porque la única pista era un nombre cosido en el interior de un chaleco de esgrima.

Empezaron buscando en Google las tiendas que pudieran haber vendido los implementos, pero no tuvieron suerte. Entonces dirigieron la búsqueda hacia las escuelas de esgrima en los condados Miami-Dade, Broward y Palm Beach.

En un momento dado visitaron una escuela de esgrima en Hialeah, pero el dueño dijo que a ninguno de sus maestros o estudiantes les habían robado sus equipos de esgrima. Pero, con el fin de estar seguros, mencionaron al dueño el nombre que aparecía en el chaleco.

Este reconoció inmediatamente el apellido Oliveras. Frets Oliveras había impartido clases en la escuela.

Los policías contactaron a Oliveras y supieron entonces que su auto había sido robado en un estacionamiento de un cine el día de Año Nuevo.

Además del equipo de esgrima, los ladrones se llevaron un GPS, un reproductor MP3 y ropa.

Oliveras nunca pensó que volvería a ver lo robado, hasta que recibió una llamada telefónica de los policías de Hialeah.

"Ese fue mi día de suerte'', dijo un sonriente Oliveras. "Recuperé mis implementos de esgrima, lo que para mí es lo más importante, pues son muy costosos''.

  Comments