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Abuso sexual fue un secreto mortal

Durante la mitad de su vida, Priscila Amador guardó un secreto mortal. Desde pequeña su padre abusaba de ella, les dijo Priscila a algunas compañeras de clase, quienes a su vez lo comunicaron a sus padres.

El miércoles, días después de pedirles a sus amigas que "rezaran por ella'', Priscila fue asesinada a balazos, según la policía, por su propio padre, Pablo Josué Amador, quien también mató a su esposa, a otra hija, y después se suicidó.

Las autoridades que velan por el bienestar infantil dicen que la tragedia de la familia Amador debería servir como advertencia: los secretos pueden matar.

Jacqui Colyer, la nueva administradora en Miami del Departamento de Niños y Familias de la Florida (DCF) --que tenía en el cargo menos de dos semanas cuando ocurrieron los asesinatos-- quiere que los maestros, entrenadores, consejeros, pastores y padres comprendan lo mortal que puede ser el abuso sexual. Y actuar con rapidez.

Dejar de informar las sospechas de abuso, dijo Colyer, no es sólo un error. En la Florida es un acto ilegal penado por la ley que expone a los niños a un gran riesgo, agregó.

"Todos tenemos responsabilidad'', puntualizó.

En ocasiones, dijo John Schuster, portavoz del sistema escolar de Miami-Dade, los niños le revelan el abuso a un maestro, quien bajo la ley está obligado a informarlo a las autoridades.

"Nuestros educadores están en una posición excepcional, ya que tal vez son la única persona con la que el menor siente que puede hablar cuando algo así ocurre'', afirmó.

El DCF está investigando las muertes de Priscila, de 14 años, y de su hermana Rosa, de 13 años, dijo Colyer, por que los funcionarios del departamento están preocupados de que tal vez Priscila no es la única víctima de Pablo Amador, que era maestro de música, y daba lecciones privadas.

"Siempre tenía niños en su casa'', dijo Colyer. "Su casa era la casa de la música. Podría haber otro menor que salga a la luz y diga algo''.

"A su propia hija le tomó mucho tiempo revelar lo que le sucedía. Y podría haber otras víctimas'', agregó.

Amador, de 54 años, ex tenor del coro de la Greater Miami Opera, mató a tiros a su esposa, María Joy, de 47 años, y a sus hijas Rosa y Priscila, poco antes de las 6 a.m. del miércoles en su casa de Palmetto Country Club Estates, dijo la policía.

Uno de los hijos, Javier, de 16 años, llamó al 911 y escapó, ileso. Bea, la hija mayor del matrimonio, no estaba en la casa en ese momento.

Dos de las compañeras de Priscila les dijeron a sus padres que la niña les había contado en las últimas semanas que su padre había abusado de ella desde la escuela primaria.

Uno de los padres dijo el jueves que Priscila le había entregado una carta ‘‘desesperada'' a su hija poco antes de morir asesinada.

Ningún padre alertó a las autoridades.

La madre de una de las niñas les dijo a los periodistas que pensó en llamar a la policía, pero que no había tenido tiempo. "Más de una vez le dije a mi hija que había que hacer algo'', dijo la mujer. "Pero fue demasiado tarde''.

Los expertos dicen que en esas circunstancias, los adultos suelen tener dudas de que la acusación sea verdadera.

Pero "los niños no mienten sobre este tipo de cosas'', dijo Trudy Novicki, fiscal con 25 años de experiencia que en la actualidad dirige Kristi House, un programa residencial para las víctimas de abuso sexual.

"Los niños dicen mentiras. Les encanta decir mentiras, pero simplemente no mienten acerca de esto'', dijo Novicki.

Hay también otro error que puede llevar a los adultos a no creerles a los niños: la falsa concepción de que el abuso sexual tiene lugar en familias pobres, sin educación y marginales, no en familias de clase media y con padres profesionales.

En realidad, el abandono infantil y el abuso físico tienen más probabilidades de ocurrir en familias con problemas económicos, dicen los expertos. Sin embargo, el abuso sexual ocurre en todos los niveles demográficos.

cmarbin@MiamiHerald.com

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