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Dulce María Loynaz: mujer entre dos islas

Como "una mujer entre dos islas'' se definió Dulce María Loynaz. Además de su amor por Cuba, heredado en gran parte de su padre, el general del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo, la escritora cubana consideró las Islas Canarias, tierra natal de su esposo, el periodista Pablo Alvarez de Cañas, como un segundo hogar.

Este vínculo afectivo, que se afianzó con cuatro estancias en las islas entre 1947 y 1958, y que recogió en Un verano en Tenerife, publicado por primera vez en 1958, lo comparten muchos inmigrantes canarios que llegaron a Cuba en la primera mitad del siglo XX.

El Miami Dade College, en coordinación con el gobierno de Canarias y la viceconsejería de Emigración y Cooperación con América, dedicará esta noche a celebrar estos lazos que han unido tradicionalmente a Canarias y Cuba. La velada se realizará en el Teatro Tower a las 6:30 p.m.

Los asistentes podrán ver el documental Una semana fuera del mundo --inspirado en uno de los capítulos de Un verano en Tenerife-- donde Loynaz narra su viaje de luna de miel a La Palma, una de las siete islas del archipiélago canario. Se presentará también el libro Tomás Felipe Camacho. Un canario ilustrado del siglo XX, sobre la vida y obra de un emigrante canario que se convirtió en eminente abogado, mecenas del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana y fundador del Orquideario de Soroa en Pinar del Río.

"Tomás Felipe Camacho le dijo a Dulce María: ‘Si vas a Tenerife, no dejes de ir a La Palma, si vas a La Palma no dejes de ir a Tijarafe [un municipio], y si vas a Tijarafe no dejes de ir a una calle que se llama Adiós y que da al cementerio'', contó Juan Carlos Sánchez, cineasta y crítico cubano establecido en Tenerife, que codirigió Una semana fuera del mundo junto a Aurelio Carnero, cineasta y crítico canario.

Según acota Sánchez, Felipe Camacho, nativo de La Palma, fue directivo de La Quinta Canaria habanera, donde contrajeron matrimonio Loynaz y Alvarez de Caña, periodista del Diario de la Marina. Siguiendo el consejo de Felipe Camacho, en el verano de 1947 la pareja marchó de luna de miel a La Palma.

"A través de este viaje conocemos a una mujer fuera de lo común, que pertenecía a las tres aristocracias: a la de la patria, porque era hija de un general mambí; a la de la cultura, porque fue una excelentísima poetisa, una mujer liberal y transgresora; y a la de su clase, que supo vivir esa Cuba que desapareció'', adelantó Sánchez, informando que un documental anterior, La gracia de volver, se concentró en las experiencias de la escritora en Tenerife.

Una semana fuera del mundo, con música de Ernesto Lecuona --de ascendencia canaria-- y Armando Orefiche --de la orquesta Lecuona Cuban Boys--, se desplaza a La Habana de los años 1940 y 50. "Se recoge una época extraordinaria al contarse las salidas que hacían [Loynaz y su esposo] a ver a Maurice Chevalier y a Edith Piaf'', ejemplificó Sánchez.

Los realizadores eligieron versos del poemario Juegos de agua (1947) para acompañar las tomas de La Palma. "Captamos una luz nívea porque en ese lugar fue muy feliz'', especificó Sánchez, informando que la escritora visitó lugares fabulosos como la Fuente Santa, frecuentada desde hace varios siglos por viajeros que le atribuyen poderes curativos, o el fantasmal hotel Florida, propiedad de la familia del famoso diseñador de zapatos Manolo Blahnik, donde Loynaz pasó la noche.

El segmento final aborda el viaje de la escritora a Madrid en 1993 para recoger el Premio Cervantes. Algunos de sus viejos amigos, que quisieron verla entonces, cuentan cómo la embajada cubana en la capital española les dificultó el acercamiento a la escritora.

"Se recogen una serie de testimonios sobre el ostracismo al que la condenaron en Cuba'', adelantó Sánchez. "Esa manera fantasmal en que vivió en su casa [del Vedado], reclusa los últimos 30 años, olvidada por todo el mundo, afectó mucho a los canarios''.

Uno de los visitantes que recibió la escritora en esa época de aislamiento fue Isidoro Sánchez García, productor y coguionista de Una semana fuera del mundo y coautor junto a Xiomara Brito y María Victoria Hernández del libro Tomás Felipe Camacho. Un canario ilustrado del siglo XX.

"Al principio ella estaba enfadada con los canarios porque decía que la habían olvidado'', recordó Sánchez García, ex diputado al Parlamento Europeo, que la volvió a visitar dos veces más en su residencia del Vedado antes del fallecimiento de la escritora en 1997, a los 94 años.

"Queremos agradecerle lo que hizo por Canarias, porque la adornó de literatura'', dijo Sánchez García, que en uno de sus viajes a Cuba pudo admirar las 700 variedades de orquídeas en el Orquideario de Soroa, y comenzó a interesarse en la labor de Felipe Camacho, quien creó este jardín para recordar a su hija fallecida.

El evento de esta noche, que contará con la presencia de Isidoro Sánchez García, Juan Carlos Sánchez y Guillermina Hernández --viceconsejera de Enmigración y Cooperación del gobierno de Canarias--, será además de un homenaje a Felipe Camacho y a Loynaz, un recordatorio del papel inspirador de las Canarias --‘‘islas floridas, espuma de volcanes y sueño de sirena'', como las describió la escritora-- en la obra de ambos.

smoreno@herald.com

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