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Inversión de Slim en el New York Times despierta suspicacia

Carlos Slim, el segundo hombre más rico del mundo, no cuenta en México con una participación significativa en ningún medio de comunicación, pero periodistas y analistas coinciden en que su poder sobre estos medios es tan grande como el de los editores y directores que los manejan.

La razón: su emporio de comunicaciones Telmex y el Grupo Carso están entre los más importantes anunciantes de los medios hablados y escritos del país.

En lo que no hay acuerdo es sobre cómo y con qué intensidad ejerce el control sobre las publicaciones y la televisión, un tema que ha surgido a raíz de que el magnate mexicano ha ampliado su participación accionaria en el periódico The New York Times.

Unos dicen que en México el control editorial de Slim no es abrumador, como podría esperarse de una persona tan poderosa, pero otros sostienen que es un personaje "prohibido'' en las salas de redacción a la hora de criticarlo.

La columnista Denise Dresser, una de las más críticas del poder del empresario, se ha referido a Slim como "el intocable''.

"No es necesario que Slim intervenga [en los contenidos] porque la sola advertencia de amenaza de retirar la publicidad dejaría a muchas publicaciones a la intemperie'', comentó Dresser a El Nuevo Herald.

Según ella el reciente préstamo de Slim al Times "es una forma barata para él de comprar respeto, credibilidad, legitimidad y algún nivel de protección. Esto no es un acto caritativo''.

Dresser sostuvo que su columna, que se publica en la revista Proceso y en el diario Reforma, nunca ha sido objeto de censura por sus planteamiento críticos de Slim, pero agregó que en las salas de redacción el comentario general es que existe la autocensura alrededor del tema.

Francisco Vidal, experto en telecomunicaciones, explicó a El Nuevo Herald que en los 20 años que ha trabajado en medios nunca fue testigo de una interferencia de Slim ya sea para detener la publicación de una información adversa o retirar anuncios publicitarios como represalia.

"Sin embargo, he escuchado últimamente que sus operadores empiezan a molestar o influir directamente con las llamadas [a los medios]'', agregó.

Vidal, quien es autor del libro Los Dueños del Cuarto Poder, afirmó que Slim es un empresario más interesado en manejar redes de comunicación que en influir en sus contenidos.

"Finalmente él es el gran genio de los negocios de redes, más que la creación de contenidos. Además, él sabe que la rentabilidad de los contenidos va a la baja'', afirmó Vidal.

En septiembre, Slim adquirió un 6.9 por ciento de The New York Times, y el mes pasado acordó prestarle al legendario periódico en apuros económicos $250 millones a un interés del 14 por ciento, una deuda que podría convertirse en acciones.

Por ahora Slim no tendrá voz ni voto en la junta del diario, pero su participación ha generado toda clase de comentarios y especulaciones.

El profesor norteamericano de ética Edward Wasserman escribió recientemente que la inversión de Slim representa un reto para los los principios de un gran diario que ha defendido las ideas de la soberanía popular, el gobierno abierto y la competencia justa.

En contraste, agregó, "Slim es un capitalista depredador que construyó su imperio de $67,000 millones... a través de compinchería política, el uso astuto e irresponsable del poder del monopolio que significa cobrar mucho, entregar menos y destruir competidores reales y potenciales''.

Otros observadores sostienen que se trata de una jugada exclusivamente económica del empresario, sin intenciones de influir editorialmente.

En una declaración por escrito distribuida a los medios, el yerno de Slim, Arturo Elías Ayub, afirmó que su suegro ve el Times como una buena inversión.

"Creemos en la fuerza de la marca The New York Times, su alcance nacional e internacional, y su potencial para la expansión digital... Es otro negocio más'', afirmo Elías Ayub.

Por lo menos dos empresas de Slim, Radiomóvil Dipsa y Telmex, figuraron entre las 20 principales anunciantes de los medios de comunicación en México en el 2007, según el Consejo de Investigación de Medios, una asociación civil mexicana sin fines de lucro. En la lista aparece en tercer lugar de importancia la Presidencia de la República y, en quinto, el Senado. José Martínez, autor de la única biografía periodística del magnate que se ha publicado en México en los más de 20 años de vida pública del personaje, se cuenta entre quienes consideran que los medios no han sido críticos de Slim por el temor a perder la publicidad.

"Muchos medios no quieren tocar a Slim ni con el pétalo de una rosa'', dijo Martínez a El Nuevo Herald. "Es por lo que le representa a la empresa la publicidad del grupo Telmex, que es el que más da después del Estado'', agregó Martínez.

Rafael Rodríguez Castañeda, director del semanario Proceso de México, publicó en 1996 el libro Operación Telmex sobre la privatización de la oficial empresa de comunicaciones. El libro contiene el episodio que más ha mortificado a Slim en su vida de hombre público.

Se trata de la denuncia de que Slim fue ostensiblemente favorecido al quedarse con Telmex tras un proceso poco transparente en el que el gobierno de su amigo, el presidente Carlos Salinas de Gortari, aceptó que una parte de la oferta fuese pagada a plazos con dinero proveniente de las propias ganancias que obtuviera Slim con Telmex en su poder.

El señalamiento ha sido reiteradamente rechazado por Slim, quien sostiene que terminó pagando el precio más alto de la subasta.

Las negociaciones entre Slim y la editorial previas a la publicación del libro "fueron fuertes'', pero finalmente el empresario autorizó su venta en Sanborns con ciertas restricciones, según Rodríguez.

También de acuerdo con Rodríguez, Slim maneja el presupuesto de publicidad de su conglomerado "de una manera bastante arbitraria, como la publicidad gubernamental, con premios y castigos''.

Al menos esa fue la impresión que le quedó, agregó, luego de que Proceso publicó hace tres años un artículo que incomodó a Slim y que se relacionaba con la asistencia de sus hijos a unas fiestas en la casa presidencial.

Las empresas del conglomerado retiraron gradualmente sus pautas publicitarias y hoy la revista no cuenta con anuncios importantes del grupo, agregó Rodríguez.

Uno de los casos más recientes que reflejan la sensibilidad del emporio a la crítica lo denunció en el 2006 Dresser, quien es profesora de Instituto Tecnológico Autónomo de México.

Dresser sostuvo que en la cadena Sanborns, propiedad de Slim, se impuso una venta restringida a un libro satírico suyo y de Jorge Volpi, Lo que todo ciudadano quisiera (no) saber de su patria, en el que se comentan las prácticas monopolísticas de Slim.

Según los autores, los empleados de las tiendas recibieron instrucciones de no exhibir el libro. "Lo han comprado sólo para decir que no hay censura'', comentó Volpi.

La empresa no se pronunció sobre el caso.

En varios foros y conversaciones privadas los reporteros mexicanos se quejan de que en el caso de Slim y sus empresas existe una autocensura invisible que consiste en que el periodista, consciente de las pocas o nulas probabilidades de que sea publicado cualquier reportaje negativo para el conglomerado, se abstienen de proponerlo o de investigarlo.

"Es un vulgar temor de no golpear al patrón'', comentó un reportero mexicano que pidió no ser identificado.

Pese a todo, Slim cuenta con una imagen positiva no sólo entre la población mexicana sino entre los medios de comunicación, según Vidal.

"Tiene buena imagen, es el principal otorgante de becas de la universidad nacional UNAM y en algún tiempo puso dinero para el equipo de la universidad Los Pumas, que es muy apreciado'', dijo Vidal.

Otro factor que contribuye a esa imagen es que Slim ha mantenido una posición crítica hacia Estados Unidos, una estrategia efectiva en un país profundamente nacionalista.

"La gente dice ‘será un monopolista pero es nuestro monopolista, más vale que sea uno de los nuestros que nos expolie que un empresario extranjero' '', comentó Dresser.

El año pasado Slim dijo que Estados Unidos tiene responsabilidad en la ola de "narcoviolencia'' que azota a México y calificó de "locura'' la construcción del muro fronterizo.

A Slim le preocupa mucho la postura de Estados Unidos frente al problema del narcotráfico por cuanto mientras Washington se dedica a señalar que la violencia se origina en México, soslaya el hecho de que las armas y municiones que alimentan el conflicto se venden en las tiendas de Estados Unidos, un país que está "armando a todo el mundo y con armas muy sofisticadas'', dijo.

En Estados Unidos hay quienes opinan que el préstamo de Slim al Times tendrá una impacto en el proceso editorial interno de la publicación.

Andres Martínez, ex editorialista mexicoamericano del Times, escribió recientemente para Slate que no tiene dudas de que la inversión de Slim será un factor que se tendrá en cuenta en las decisiones editoriales del Times, "así no se mencione''. Dresser considera que el dilema que presenta la figura del magnate de 68 años, "un hombre con más poder que el presidente de la República'', no es personal sino estructural.

"Resulta poco fructífero discutir la moralidad o la amoralidad de su comportamiento, o si es una buena o mala persona, o si su filantropía debe ser aplaudida o cuestionada'', escribió la académica. "Es poco productivo culparlo de mucho o exculparlo de todo porque ello constituiría una disgresión ante lo verdaderamente importante: la imperiosa necesidad de reformar el capitalismo mexicano''.

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