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Casos de nominados ponen a prueba las reglas éticas de Obama

Durante los casi dos años de su campaña, Barack Obama juró acabar con los demonios de Washington, prohibir a los cabilderos acceso a su gobierno y comenzar lo que llamaría luego en su discurso de toma de posesión una "nueva era de responsabilidad''. Lo que se le olvidó mencionar fueron los asteriscos.

Entre las excepciones no mencionadas hay un par de nominados al gabinete que deben impuestos. También hay un cabildero de un contratista militar que está ahora a punto de convertirse en el segundo al mando del Pentágono. Y están también otros traídos a la esfera gubernamental por la industria de la influencia, aunque no estén inscritos formalmente como cabilderos.

Obama dijo el lunes que apoyaba absolutamente al ex senador Tom Daschle, su nominado a la Secretaría de Salud y Servicios Humanos, y a Daschle, quien se reunió con líderes del Senado en un esfuerzo para no retrasar su confirmación, dijo que que ‘'no tenía excusa'' y que "pediría sus más sentidas disculpas'' por no haber pagado $128,000 en impuestos federales.

Pero el incidente ha mostrado que al enfrentarse con la perenne discordia entre la retórica de campaña y la realidad de Washington, Obama ha probado que está dispuesto a ceder.

Cada cuatro u ocho años llega un nuevo presidente, declara su decisión irrevocable de acabar con la influencia indebida y termina invariablemente tratando de reconciliar los preclaros ideales de la campaña con la poco clara realidad de gobernar.

En su primer día en el cargo, Obama impuso las normas éticas más severas que haya sentado mandatario estadounidense alguno en tiempos modernos y desde entonces tanto él como sus asesores han tratado de explicar porqué esas reglas no se refieren a tal o más cuál caso.

"Esto es un gran problema para Obama, especialmente porque fue una promesa clave'', opinó Melanie Sloan, directora ejecutiva de Citizens for Responsibility and Ethics in Government (Ciudadanos por la Responsabilidad y la Etica en el Gobierno).

"Insistió sobre el asunto una y otra vez y creó expectativas en todo el país. Esta es exactamente la razón por la que el pueblo no cree en los políticos, porque un cambio en el que podemos creer no es simplemente volver a lo mismo de siempre''.

De manera que en los días iniciales de su gobierno, el equipo de Obama está enfrentando críticas de los blogueros tanto de izquierda como de derecha, burlas de los comediantes de la televisión y cuestionamientos de la prensa sobre si Obama está cambiando la forma en que Washington funciona o simplemente el partido que lo hace.

Algunos republicanos lo consideran una ley para unos y otra para otros. "¿Qué hubiera pasado si Hank Paulson hubiera asumido su puesto sin pagar sus impuestos, o cualquier otro miembro del gabinete?", dijo Terry Nelson, estratega político que trabajó para el ex presidente George Bush y el senador John McCain, refiriéndose al secretario del Tesoro de Bush.

"Todos lo hubieran criticado'', dijo.

Varios demócratas, entre ellos algunos que han asesorado a Obama, han dicho en privado que el Presidente solo tiene la culpa de haber establecido una norma tan rígido durante su candidatura, sin darse cuenta de que afectaría su capacidad para gobernar.

En la campaña Obama atacó "la cultura de Washington'' en la que "nuestros dirigentes han abierto las puertas del Congreso y la Casa Blanca a un ejército de cabilderos que han convertido a el gobierno en un juego en el que sólo ellos pueden jugar''.

Prometió que cerraría "la puerta giratoria'' y limpiaría "los dos extremos de Pennsylvania Avenue'' con "la mayor reforma de la ética en toda la historia''. Pero el lenguaje siempre es más amplio que la realidad.

Habló de rechazar las contribuciones de campaña de los cabilderos, pero lo tomó de las empresas que los contratan. El plan de ética que describió, y finalmente impuso en su gobierno el mes pasado, no proscribe a los cabilderos pero estableció condiciones para emplearlos y no cubre a otros que son cabilderos aunque no estén catalogados como tales.

Por ejemplo, Daschle no es un cabildero inscrito pero vivió muy bien asesorando a clientes que procuraban influir sobre el gobierno. Obama también se adjudicó el derecho de conceder excepciones en casos que considere excepcionales, pudiéndose señalar a William Lynn, ex cabildero de Raytheon, proveedor del Pentágono, a quien nombró subsecretario de defensa.

Otros cabilderos han encontrado su lugar en el gobierno, como Mark Patterson, que representaba a Goldman Sachs y ahora es jefe de despacho del Secretario del Tesoro, Timothy F. Geithner. William Corr, que cabildeó para la campaña Tobacco-Free Kids, para que no fumen los jóvenes, ha sido escogido como subsecretario de Salud y Servicios Humanos.

Los asesores de Obama dicen que las excepciones fueron mínimas dados los miles de personas que hay que contratar y que personas como Lynn tendrán que cumplir las reglas y no podrán trabajar en temas directamente relacionados con sus antiguos empleadores. Según ellos, las excepciones se hacen necesarias debido a la experiencia y capacidad de esas personas.

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