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Criada tras las rejas, teme encarar la libertad

Parece inverosímil que alguien sea liberado de prisión y admita que extrañará su "hogar'' por el apego a los presos, que son su "verdadera familia''.

A menos que se haya criado tras las rejas como Jessica Robinson, que sale hoy en libertad condicional por segunda vez, luego de que fuera condenada, a la edad de 14, a nueve años en prisión de adultos por secuestrar y robar a mano armada a sus propios abuelos.

Esta será su última oportunidad: si incumple los requisitos de la libertad condicional nuevamente, le aguarda la cadena perpetua.

El jueves visité a Robinson, de 25 años, en una prisión estatal de máxima seguridad en Broward. Estaba ansiosa, abstraída, hablaba de forma muy veloz y tenía conductas de una niña incrédula, frágil. Sus ojos verdes, que se tornaban rojos, se movían sin cesar. Tenía miedo por no sentirse madura suficientemente para encarar la vida de afuera.

"Aquí no he aprendido nada'', resumió.

En las prisiones para adultos de la Florida, hay 5,101 delincuentes juveniles como Robinson, que perpetraron sus crímenes antes de los 18 años, según datos del Departamento de Prisiones del estado. Además, 352 menores cumplen condenas de adultos.

Las leyes penitenciarias juveniles de la Florida se sitúan entre las más punitivas del país, sin embargo, casos como el de Robinson ponen de relieve que los jóvenes encausados o transferidos directamente al sistema judicial de adultos, no están recibiendo las herramientas necesarias para rehabilitarse y comenzar de nuevo.

De hecho, existe evidencia de que los adolescentes encausados como adultos son más propensos al crimen al salir de reclusión que aquellos penados en el sistema de justicia juvenil.

"Para las personas jóvenes, el potencial de rehabilitarse en el sistema de adultos es virtualmente inexistente'', confirmó Wansley Walters, directora del Departamento de Servicios Juveniles del Condado Miami-Dade. "Son victimizados, dominados sexual y emocionalmente, y tienen poca protección''.

Robinson cobró notoriedad hace una década por ser la niña más joven de la Florida en una cárcel para mujeres. La pequeña ya estaba bajo libertad condicional en el sistema de justicia juvenil cuando, junto a dos amigos, aterrorizó y robó a sus abuelos a punta de cuchillo. Tenía apenas 13 años.

La niña estaba habituada a la violencia. A los tres años, su mamá abandonó al padre porque abusaba de ellas. Se mudaron a Miami, donde la madre --quien actualmente reside en Arkansas y no la ha visitado en prisión-- le daba correazos. Un psicólogo que la evaluó después de uno de sus primeros encontronazos con la ley diagnosticó que sufría de un "desorden de conducta severo''.

En abril de 1998 fue encausada por un gran jurado y condenada a nueve años de prisión y cinco de libertad condicional. Pero en noviembre del 2006, mientras trabajaba como bailarina nudista, Robinson cambió de residencia sin notificar a las autoridades y se dio a la fuga, encarando cadena perpetua por los cargos violentos en su historial.

"Me mudé porque mi novio con quien vivía en las mañanas me despertaba dando golpes en la cabeza'', me relató Robinson. "Era una situación de vida o muerte''.

En febrero del 2008, fue arrestada y sentenciada a 366 días, que cumplió entre la cárcel del Condado Miami-Dade y la prisión estatal. El acuerdo también abarca diez años de libertad condicional.

Este último encarcelamiento le costó a los contribuyentes un estimado de $33,700, basado en lo que cuesta diariamente mantener a un recluso en el condado que es de $117, y en el estado, es de $52.90.

"La señorita Robinson necesitaba entender que sus actos de desafío tenían consecuencias'', explicó en un memorando la Fiscal Estatal Asistente Barbara Govea, encargada del caso.

"Robinson tiene la iniciativa de rehabilitarse y mejorarse a si misma'', continuó Govea. "Pero el interés principal del Estado es proteger a la sociedad de Robinson si volviese a delinquir''.

La dificultad de la joven, empero, es que "no sabe cómo hacer la transición al mundo de afuera, porque todavía tiene 15 años social y emocionalmente'', observó Vicki Lukis, directora del Girls Advocacy Project.

"El sistema le ha fallado'', aseveró Lukis. "Necesitamos ayudarla a llegar a la edad donde debe estar cronológicamente''.

Robinson tiene esperanza de ingresar a un programa de rehabilitación en Nueva York conocido como Delancy Street Foundation, pero la transferencia de un reo en libertad condicional a otro estado es muy complicada.

"Si no, vuelvo a la cárcel'', dijo ella con resignación.

"No, esa no es mi meta en la vida'', se corrigió. "Quiero ser asistente legal para ayudar a otros jóvenes como yo''.

dshoer@elnuevoherald.com

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