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Se acerca un sueño para los Marlins

Autoridades de Miami y Miami-Dade están a punto de realizar una rápida e histórica serie de votaciones que podría poner punto final a la búsqueda de una sede permanente (que tomó una década) para el bicampeón de la Serie Mundial de Béisbol, los Marlins de la Florida.

Si se aprueba el 13 de febrero, un estadio cubierto de 37,000 asientos y techo retráctil se levantará para rivalizar con los edificios del downtown desde el terreno de La Pequeña Habana donde estuviera el venerable Orange Bowl.

Las votaciones, requeridas para aprobar cinco contratos antes que se pueda comenzar la construcción, podrían resultar una vindicación para el dueño del equipo, Jeffrey Loria, quien, lo mismo que los dos dueños que lo precedieron, se ha enfrentado a la retractación de varios acuerdos a última hora por parte del gobierno.

No hay garantía de que esta vez se apruebe porque los acuerdos de construcción y administración exigen una votación de dos tercios de la mayoría de los comisionados condales. E incluso si se aprueba, los críticos se cuestionan si la crisis económica podría paralizar o retrasar la obra.

De todos modos, el equipo nunca ha estado tan cerca de tener su estadio, después que los planos y contratos finales se dieron a conocer el martes y los partidarios del proyecto de obras públicas afirman que ayudará con la creación de empleos.

Al tiempo que el administrador de Miami-Dade, George Burgess, daba a conocer los términos de los cinco contratos pendientes, funcionarios municipales de Miami presentaron bosquejos nunca vistos del estadio.

El estadio está rodeado de garajes y estacionamiento con capacidad para 6,000 vehículos, cruzados por pasos de peatones, con un campo abierto y cubierto de césped hacia el noroeste, justo sobre el home. Entre este campo y el home está la gran plaza de entrada.

El costo total, incluyendo los estacionamientos: $609 millones, de los cuales casi dos tercios deben salir del gobierno de Miami-Dade y Miami donará terrenos. El equipo contribuye $120 millones y le pagará $35 millones al Condado por concepto de arrendamiento.

Burgess dijo que los Marlins -- a punto de convertirse en los Miami Marlins-- hicieron varias concesiones, lo que facilita conseguir apoyo para los dos contratos que requieren la aprobación de dos tercios de la comisión condal.

"Tenemos más porque me pareció que necesitábamos tener más'', dijo Burgess.

Entre los cambios en el acuerdo están:

* Si Jeffrey Loria, propietario de los Marlins, vende el equipo en los próximos siete años después de firmarse un acuerdo, el Condado podría casi duplicar su parte de cualquier ganancia.

* Los $2.3 millones anuales del alquiler del club aumentarán 2 por ciento cada año.

* Cualquier costo adicional debido a dificultades o problemas entre el contratista y los subcontratistas tendrán que pagarlo los Marlins.

Los Marlins o cualquier otro comprador potencial estarían obligados a jugar en el estadio de La Pequeña Habana durante 35 años, el estadio entregaría 10,000 entradas gratis anuales para los jóvenes y 1,000 asientos de cada juego se venderían en $15.

"El [el presidente de los Marlins David Samson] está probablemente tirándole dardos a nuestras fotos mientras habla. Ya ha hecho un montón de concesiones'', dijo Burgess.

No exactamente. Al contactarlo el martes, Samson calificó el acuerdo de justo y dijo que se reunirá personalmente con los 18 comisionados de ambas juntas durante las próximas dos semanas.

"Teníamos órdenes muy estrictas de Jeffrey'', dijo Samson. "Salvar el béisbol en el sur de la Florida''.

Cualquiera de las tres partes --el gobierno municipal de Miami, Miami-Dade o el equipo-- podría cancelar el acuerdo antes de julio del 2009 si el depósito estuviera en peligro. El Condado consigue más días para usar el estadio y el 50 por ciento de las ganancias van a mejoras importantes del estadio todos los años. El Condado y el gobierno municipal reciben series de 40 juegos y el equipo recibe dinero por el derecho de usar el nombre.

La pregunta ahora es si las concesiones del equipo son suficientes para persuadir a una comisión condal que aprobó por un pelo el año pasado el acuerdo para mantener vivo el plan del estadio.

Comoquiera que los contratos de administración y construcción no se licitaron, hace falta una votación de dos terceras partes de los comisionados del Condado para que se apruebe.

El comisionado condal Carlos Giménez, que se ha mostrado escéptico sobre el acuerdo, dijo que tiene dudas sobre la contribución minoritaria del equipo.

Giménez teme además que la crisis económica pueda socavar el plan de Miami-Dade de pagar su parte a través de préstamos e impuestos hoteleros.

"Hasta hace muy poco, los ingresos por concepto de turismo andaban por el suelo'', dijo. En cuanto a la tasa de interés que se aplicará al depósito, ¿vamos simplemente a echar los dados y esperar que nos salga bien la jugada?"

El presidente de la Comisión, Dennis Moss, que es partidario de apoyar el estadio, estuvo de acuerdo en que "los detalles son lo más importante''.

"Está claro que hay riesgos'', dijo Moss, "pero no se trata de encomendarse a Dios y saltar al vacío''.

El redactor Larry Lebovitz, de The Miami Herald, contribuyó a este reportaje.

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