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Sobreviviente de accidente en Nueva York regresa con su familia al sur de la Florida

Alberto Panero cerró los ojos cuando su avión despegó del Aeropuerto LaGuardia en Nueva York.

El estudiante de cuarto año de la Escuela de Medicina de la Universidad Nova Southeastern estaba el jueves lejos de su casa de Pembroke Pines y en vísperas de otro agotador viaje donde sería entrevistado para buscar una plaza en un programa de residencia médica. Así que cuando el avión tomó la pista en camino a Charlotte, Carolina del Norte, se relajó y se acomodó en su asiento.

Poco después, se despertó en medio de una pesadilla.

Un fuerte ruido en el lado izquierdo de la nave lo despertó. Entonces el aparato de la aerolínea U.S. Airways se estremeció, y desde el asiento 16F, junto al ala derecha, podía oler el humo.

Panero, de 26 años, pensó que todo estaba bien. Estaba seguro de que el motor derecho seguía encendido y parecía que la nave estaba haciendo un giro para regresar a LaGuardia.

Fue entonces cuando escuchó al piloto decir a través de las bocinas: "Prepárense para un impacto''.

El aparato comenzó a caer y Panero pensó que iba a morir.

"Ese fue el momento en que realmente supimos que nos caíamos'', dijo Panero ayer, a su regreso al Aeropuerto Internacional Fort Lauderdale-Hollywood. "Pensé que me había llegado la hora. Que todo se acababa''.

Mientras el avión caía, Raymond Mandrell, de 30 años, y productor de videos de Miami, dijo en silencio una oración desde su asiento. Le tomó la mano a su socia en el negocio y ex novia, la publicista Reenee Williams, de Tallahassee, que a su vez le tomó la mano a la mujer que tenía a su lado.

"Dije, ‘Señor, gracias por la vida que me diste y realmente aprecio la vida que he vivido. Por favor, protege a todo el mundo en este avión' '', dijo Mandrell.

Minutos después, el Airbus A320 cayó sobre el helado río Hudson, y las 155 personas que iban a bordo se encontraron dentro de un barco que se hundía.

Al principio, los pasajeros fueron presas del pánico. Panero tomó el cojín de su asiento, un dispositivo de flotación, mientras el agua --con una temperatura de 32 grados-- entraba al avión, mojando sus zapatillas deportivas.

"En unos 20 ó 30 segundos, el agua había subido a la altura de la cintura'', dijo Panero.

Ocho filas detrás de Panero, Williams les dijo a los que estaban cerca de ella que tomaran sus cojines mientras trataban de salir.

Williams llevaba puestas botas altas con tacones y ya el avión se estaba llenando de agua. "Empecé a caminar de la fila 24 a la 1, subiéndome en los asientos y pensando: ‘No voy a morirme en este avión' '', dijo.

Entretanto, Panero miró a una de las alas del aparato. Pero había demasiadas personas en la salida, de manera que se dirigió a una balsa cerca de una de las salidas delanteras.

Pero primero, se detuvo a ayudar a una mujer que sangraba profusamente de una pierna.

Empapado, Panero logró salir de la nave y saltó a una balsa. El aire frío le hizo sentir que las manos se le iban a caer.

Por su parte, Mandrell dijo que no sentía las manos cuando salió del avión, y pensó que podría perder las piernas.

Ayer, Panero pudo por fin abrazar a su familia y su novia, que lo recibieron en el aeropuerto de Fort Lauderdale en medio de abrazos y lágrimas.

"Estaba desesperado por que el avión aterrizara'', les dijo Panero a los reporteros mientras se detenía delante de varios periódicos que decían: "Milagro en el Hudson''.

Panero y su familia estuvieron de acuerdo: fue un milagro.

"Esto fue más que buena suerte'', dijo Marisabel Olivera, novia de Panero. "Es una bendición, un milagro''.

dsmiley@MiamiHerald.com

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