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Trabajo de agencias de servicios sociales se vuelve insuficiente con la gravedad de la crisis

Todo parecía haberse oscurecido en la vida de Ivelisse Toledo.

De un día para el otro se vio sin vivienda, sin trabajo, y con tres hijos que alimentar.

Caminó durante horas por las calles de Miami Beach, tratando de apaciguar los agobiantes pensamientos que la acosaban y la llenaban de pavor sobre su futuro.

"No sabía qué hacer. Estaba desesperada y me sentía sola'', afirmó Toledo, una mujer puertorriqueña de 34 años.

Como a principios de agosto le redujeron las horas en el supermercado en el que trabajaba, ya no pudo pagar más la renta.

"No podía parar de llorar pensando en mis hijos y en que no estaba con mi gente, en mi tierra'', agregó la mujer que llegó a Miami en el 2007, procedente de Trujillo Alto, al norte de San Juan.

Miles de residentes en el sur de la Florida como Toledo, están sufriendo las consecuencias de la crisis económica, que también ha ahogado a las agencias que les dan servicios sociales.

Este panorama desolador se palpa en el resto del país. Switchboard of Miami, agencia que recibe llamadas de toda la nación, afirma que en diciembre se dispararon las llamadas solicitando ayuda para los servicios básicos. Tan sólo en el condado de Miami-Dade, en el año pasado, la agencia United Way observó un incremento de más del 50 por ciento en pedidos de asistencia a través de Switchboard of Miami.

"En el mes de diciembre vimos un fuerte aumento en las llamadas solicitando alimentos, vivienda y ayuda económica para pagar los servicios comunes'', afirmó Trudy Krasovic, portavoz de Switchboard of Miami.

El 26 de agosto pasado, a Toledo con sus hijos de 14, 9 y 7 años, le quedó una sola opción: buscar un albergue.

Ese día se le abrieron las puertas del Salvation Army y pudo descansar en una habitación limpia, con cuatro camas, dos mesitas de noche, un clóset y un baño.

"La primera noche abracé a mis hijos y les dije que eran unas pequeñas vacaciones, para alejarlos de la dura realidad, y que lo tomaran como una diversión'', recordó Toledo. "Aquí me han tratado tan bien'', exclamó la mujer que durante una década trabajó en peluquerías, en San Juan, Puerto Rico.

"Además de alimentos y un techo, me han brindado cariño y me han dado esperanza de un futuro mejor'', recalcó.

También en el Salvation Army se encuentra Victoria Pamphlet con tres hijos, que llegaron de Texas buscando refugio, y Eduardo Milane, de 62 años, quien camina con dificultad apoyado en un andador y cuyo rostro refleja la melancolía que le ha traído la lejanía de su familia, que vive en el barrio de Santos Suárez, en La Habana.

Con 16 años en Estados Unidos, Milane fue perdiendo sus bienes y su salud, hasta que no tuvo más opciones que acudir a la organización el 25 de septiembre y pedir albergue. Fue acogido en el centro para hombres de Salvation Army.

La madre mexicana Dora Serrano perdió su trabajo como empleada en una vivienda de Miami y se vio en la calle con sus dos hijos. La mujer de 42 años fue recibida por Salvation Army el 1 de noviembre pasado.

Pero no todos han tenido la fortuna de encontrar un techo, alimentos y abrigo.

"Tenemos un promedio mensual de 150 personas pidiendo albergue que no podemos admitir'', afirmó América Medina, portavoz de la organización.‘‘Nos dicen que se quedaron sin trabajo, que están pasando frío, hambre y que no tienen abrigo suficiente'', agregó.

De hecho Salvation Army está con sus albergues a plena capacidad. Es decir, 287 personas en el centro social situado en 1907 NW 38 calle, y 137 hombres en el Centro de Rehabilitación para Adultos, en el downtown de Miami.

Muchas de las habitaciones que originalmente estaban equipadas para dos personas, actualmente lucen con cinco o seis camas.

"Es muy triste cuando tenemos que ‘cortar la fila' y ver la desesperación en sus rostros o escuchar que alguien está diciendo entre lágrimas ‘señor, yo nunca había pedido y ahora que estoy aquí, en la línea, usted me dice que no hay más comida para repartir' '', relató el mayor Fernando Martínez, comandante de la organización para Miami-Dade.

"Y esta escena desgraciadamente se repite día a día y cada vez son más las personas afectadas'', puntualizó su esposa, Nancy Martínez, directora de Asuntos para la Mujer y la Familia de Salvation Army.

Y mientras aumentan las necesidades están disminuyendo las contribuciones.

El mayor Martínez afirmó que Salvation Army ha comenzado el 2009 recibiendo hasta un 40 por ciento menos de donaciones de lo que recibió el año pasado en esta época.

El Miami Rescue Mission está viviendo un panorama muy similar. "La cantidad de gente que espera en las filas para poder recibir ayuda es enorme. Filas larguísimas de hombres y mujeres con sus hijos pequeños que aguardan cada día por un albergue, comida y ropa. A medida que la situación económica se ha agravado, está aumentando también la cantidad de personas que acuden a nuestros centros y muchas veces no tenemos espacio para acogerlos'', dijo Marta Ayerdis, directora de Recursos Humanos de la institución en el sur de la Florida.

También se están sintiendo los efectos de la crisis económica en la parroquia San Juan Bosco, ubicada en 1301 West Flagler St., en La Pequeña Habana.

"Ayudamos en lo que se puede, a través de la Sociedad San Vicente de Paul'', dijo el sacerdote Juan Carlos Paguaga. "Aquí hay muchas personas que vienen y que no tienen cómo pagar la luz, la renta, sus medicinas'', afirmó. "Incluso algunas madres solteras nos han dicho que la salud de sus hijos se está deteriorando por la desnutrición'', agregó el sacerdote, párroco de San Juan Bosco.

"Tenemos hasta ancianos pidiendo alimentos; otros buscan ayuda espiritual para su depresión. Y la desesperación y la pobreza ha pegado tan fuertemente que muchas otras personas están regresando a sus países'', indicó el padre Paguaga.

vmunoz@elnuevoherald.com

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