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Pareja estadounidense vive verdadera odisea en Cuba

El bote de Robert Vassallo y Angellette Smith había sido azotado por las olas durante dos días cuando una última marejada lo estrelló contra un arrecife en la costa occidental de Cuba.

El costado izquierdo de la embarcación se había rajado y estaba haciendo agua. Vasallo y Smith detectaron un faro cercano y saltaron a la costa en busca de ayuda. Pero era cerca de la medianoche y todo el mundo adentro estaba durmiendo así que regresaron a la lancha, hicieron un fuego, se pusieron ropa de abrigo y esperaron por la mañana.

Horas después, estaban rodeados por decenas de soldados cubanos.

Al no tener los documentos que autorizaban su presencia en la isla, terminaron en una cárcel de La Habana, donde pasaron las Navidades en las más sórdidas condiciones.

"Probablemente estuve en más peligro allí que en ningún otro lugar en que haya estado nunca'', dijo Vasallo. "Pero no me sentí amenazado en lo más mínimo''.

El administrador de un restaurante en Ozello, Florida, y su amante le describieron esta semana su odisea a un reportero de AP tras su regreso a la Florida. Funcionarios de EEUU en Cuba que los ayudaron a salir de la isla declinaron identificarse por razones de privacidad pero confirmaron su historia.

Vasallo y Smith nunca intentaron pasar las Navidades en Cuba.

Salieron de Cayo Hueso en un yate de 12 metros de eslora para un viaje de una semana alrededor del Caribe antes de la Navidad. Su plan era pasar por Gran Caiman y Jamaica, y luego regresar a casa. La pareja tenía comida, ropa de abrigo y una computadora portátil.

Tras seis días de viaje todo iba bien hasta que el mar empezó a agitarse. Durante dos días no pudieron encontrar lugar donde anclar mientras las olas llegaban a los seis metros de altura. A pesar de todo, "nunca pensé que estuviéramos en dificultades'', dijo Vasallo, de 40 años.

"Las olas venían, pero venían en patrones''. Exhausta, la pareja finalmentepudo anclar frente a las costas de Cuba. Esperaban poder descansar un poco y dirigirse a Jamaica por la mañana. Pero el oleaje arreció. El ancla se soltó y el yate chocó contra la costa.

"Si hubiéramos estado en aguas más profundas nos hubiéramos podido hundir'', dijo Smith, de 29 años.

La pareja caminó por la costa pero no pudo dar con nadie que los pudiera ayudar. Unos funcionarios gubernamentales los detectaron a la mañana siguiente y puesto que Smith no tenía su pasaporte y ninguno tenía visa para entrar en Cuba, fueron arrestados.

Les permitieron recoger alguna ropa y efectos personales y vieron desconsolados como los soldados desmantelaban el bote de Vasallo. "En ese momento me vi rodeado por entre 30 y 50 soldados cubanos'', dijo Vasallo, que opera un restaurante en Ozello, Florida. ‘‘No estaban armados pero yo estaba tratando de sacar lo que debía sacar del barco''.

La pareja pasó la noche en un hotel cercano pero al otro día llegaron funcionarios de inmigración que los llevaron a una cárcel en La Habana. A Vasallo lo llevaron a una celda para hombres y a Smith a una de mujeres.

Las paredes de concreto estaban cubiertas de escritos y el olor a orina era afixiante. "Tenía que apretarme la nariz y me quedé dormido de puro cansancio'', dijo Vasallo.

De desayuno les dieron una galleta con un poco de carne. De almuerzo, frijoles y sopa de pollo, aunque sin carne. "Me lo comí todo porque estaba muerto de hambre'', dijo Vasallo.

Otros presos incluían a un inglés que estaba recorriendo a Cuba en bicicleta cuando le robaron su pasaporte, y otros dos que también estaban esperando por dinero y papeleo para poder salir, indicó Vasallo.

A Smith la mantuvieron con dos ecuatorianas, una de las cuales perdió su pasaporte en el aeropuerto. La celda tenía un inodoro pero sin asiento ni papel higiénico. Las mujeres trenzaban el cabello de Smith para pasar el tiempo. "Me mantuvieron tranquila'', dijo.

Vasallo llamó a los diplomáticos de EEUU desde la cárcel y el 26 de diciembre, tras tres días de cárcel, las autoridades finalmente negociaron su libertad.

Les tomó otros cinco días conseguir un boleto de avión para Miami. Permanecieron con un profesor universitario que alquilaba cuartos a los viajeros por unos $25 la noche. El contraste con la decrépita cárcel era impactante. La casa del profesor tenía un puntal de cinco metros y estaba bellamente amueblada. El 31 de diciembre, la pareja pudo llegar finalmente a la Florida.

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