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Exiliado de Miami podrá reunirse con su esposa e hijos

Un exiliado cubano discapacitado que había denunciado que el gobierno de Cuba estaba negando la autorización de salida a su esposa e hijos, podrá reunirse finalmente con su familia en Miami, luego de que las autoridades de la isla accedieron a darles el permiso.

Jorge Albart Rodríguez, de 38 años, confirmó que el salvoconducto de salida fue otorgado hace poco más de una semana tras una espera que parecía interminable. La noticia constituye el capítulo de cierre de una historia personal que adquirió notoriedad en marzo del 2007, cuando el hombre hizo pública la travesía de un mes que lo trajo a Estados Unidos.

"Ahora siento que he vuelto a nacer. Es un alivio tener la seguridad de que estaremos todos bajo un mismo techo'', dijo ayer Albart visiblemente emocionado, en una entrevista con El Nuevo Herald. "Sólo es cuestión de que el gobierno norteamericano les asigne una fecha para tomar un vuelo como refugiados políticos y así empezar una nueva vida'', añadió.

Albart está casado con Judith Sánchez López, con quien tiene dos hijos: Jury y Jorge, de 9 y 19 años. Según el hombre, el salvoconducto de su familia debió estar listo en septiembre, pero el trámite comenzó a empantanarse y no había manera de sacarlo a flote.

El exiliado comenzó entonces a sospechar que la publicidad que adquirió su caso no fue bien vista por las autoridades cubanas y que la lentitud se debía a un castigo del régimen.

El hecho de negar solicitudes de salida a parientes de exiliados y desertores ha sido un arma de presión recurrente en la isla. En noviembre, profesionales cubanos de la salud que abandonaron sus misiones en el extranjero se quejaron de la gravedad de esta situación.

La crisis motivó a la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) a implementar esfuerzos para conseguir el permiso de salida de los menores retenidos en Cuba, mediante una campaña que hace un llamado a quienes sufren en carne propia la separación familiar.

Albart está seguro que su confianza y creencias religiosas han asfaltado el camino hacia la libertad de su esposa e hijos.

"Nunca perdí la fe en Dios y jamás dejé de rezar todos los días. Pienso que es una forma muy bonita de recibir el año nuevo'', precisó Albart, quien se gana la vida como vendedor ambulante de flores y verduras.

En su deseo por salir de una cárcel castrista en la década de los 80, Albart se inyectó petróleo en los brazos. La falta de atención médica oportuna resultó en una infeción y la amputación obligada de sus brazos para salvarle la vida.

Cuando salió en libertad, pretendió escapar de Cuba por mar hasta en tres ocasiones, pero sus planes siempre caían en saco roto.

Al cuarto intento, Albart logró alcanzar las costas mexicanas y continuar su marcha hacia el sur de la Florida, adonde llegó después de casi cuatro semanas. En Miami ha salido adelante gracias a su empuje y la solidaridad de la comunidad.

jcchavez@elnuevoherald.com

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