Nation & World

El umbral de un futuro incierto

Tras un fatigoso camino de promesas incumplidas, sueños rotos y desencuentro nacional, el pueblo cubano atraviesa este primero de enero el umbral de un futuro cargado de incertidumbre para el país.

La puerta que se abre para iniciar el 2009 es también la demarcación de una etapa histórica: detrás quedan 50 años de un estremecedor cambio político que comenzó con los ropajes de una revolución justiciera "de los humildes y para los humildes'', y que derivó vertiginosamente hacia un régimen totalitario de estirpe caudillista, con un saldo de estancamiento económico, libertades restringidas y calamidades sociales que hoy sitúan a Cuba muy lejos del paraíso terrenal que prometió el flamante líder Fidel Castro en 1959.

El país de la esperanza esperó y todavía espera. El invencible héroe revolucionario que llegó al poder con 33 años, en medio de un explosivo desbordamiento popular, se ha transformado él mismo en la metáfora de la decadencia nacional. Enfermo de una dolencia decretada "secreto de Estado'', Fidel Castro es una figura ausente de la vida pública desde julio del 2006 y en el año que cierra los cubanos han podido ver apenas dos videos suyos y varias fotografías en las que se muestra demacrado y frágil, recluido en un enigmático lugar donde recibe a elegidos y escribe ‘‘reflexiones'' para aleccionar a sus compatriotas.

La quimera de una sociedad de esplendor, participación y bonanza desembocó en un laberinto infinito. El proyecto socialista que estampó en la propia Constitución de 1976 su devoción agradecida por la Unión Soviética y la ideología marxista-leninista, tuvo que parapetarse otra vez bajo las consignas nacionalistas y aplazar las metas de una mejor vida para los habitantes de la isla. El hombre nuevo que diseñó el guerrillero Ernesto Che Guevara como prototipo de una nueva era, envejeció junto a los discursos de un mundo mejor, se acomodó, se conformó o terminó por emigrar en busca de horizontes más prometedores. Como ha expresado el historiador Rafael Rojas, la espera sigue siendo el verdadero arte de los cubanos de cara al siglo XXI.

La cúpula gobernante que encabeza Raúl Castro ha exhortado a celebrar la efeméride en un intento por reeditar las festividades que acompañaron el triunfo revolucionario cinco décadas atrás. La conmemoración central será en el Parque Céspedes de Santiago de Cuba, donde se han acomodado 3,000 sillas frente a una plataforma para un espectáculo cultural después del tradicional mensaje patriótico. El ayuntamiento santiaguero, desde cuyo balcón proclamó Fidel Castro la victoria rebelde, ha sido remozado para la ocasión, pero es muy improbable que el patriarca convaleciente repita la memorable alocución.

En La Habana, como en ciudades del interior, se han anunciados conciertos y bailes populares. Habrá música bailable, descargas trovadorescas, rumba y hasta rock en la Plaza de la Revolución, el Malecón, el Parque Trillo y la Tribuna Antiimperialista, el también llamado "protestódromo nacional".

A partir del viernes unas 50 personas --seleccionadas en representación de todas las provincias del país-- emprenderán el mismo recorrido de la Caravana de la Libertad que llevó a Fidel Castro y su tropa rebelde desde Santiago de Cuba a La Habana, entre el 2 y el 8 de enero de 1959. Serán jóvenes destacados, maestros, médicos, artistas, deportistas, científicos, campesinos, miembros de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, oficiales y soldados de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior.

La composición de la caravana no sólo es simbólica del "relevo revolucionario''. Es también una irónica expresión del obligado reemplazo de la generación que detenta el poder. Para a los que gobiernan, con un promedio de edad de 72 años entre presidente y vicepresidentes (sin olvidar al longevo vicepresidente del Consejo de Ministros, José Ramón Fernández, de 85 años), les sería físicamente difícil emprender el largo trayecto. Los que marcharán conforman, en su mayoría, ese 70 por ciento de la población cubana nacida dentro de la revolución castrista.

Pero, ¿cuál es la realidad que enfrentará la población tras esos ditirambos de aniversario?

Raúl Castro fue claro en la clausura de la última sesión anual del Parlamento, la pasada semana. En el 2009 el país eliminará "las gratuidades indebidas y los subsidios excesivos, de lo contrario sencillamente las cuentas no cuadran''.

"Hay que actuar con realismo y ajustar todos los sueños a las verdaderas posibilidades'', enfatizó el gobernante.

Ante las expectativas que se generaron tras la renuncia de Fidel Castro y la supresión de algunas regulaciones, Raúl Castro indicó que no se había engavetado ninguno de lo temas, pero apuntó que "se avanzará sin apresuramientos ni excesos de idealismos según se disponga de recursos''.

Pudiera parecer lógico ante una situación internacional particularmente adversa, pero la lectura del cubano de a pie sobre este mensaje oficial es que nada mejorará a corto plazo.

El país ha pagado demasiado caro la credibilidad ciega en los vaticinios de Fidel Castro por 48 años. ¿Por qué va a confiar entonces en los que ha lanzado Raúl en apenas dos años de mando? ¿No es acaso la creación de una Contraloría para elevar la vigilancia de recursos y combatir la corrupción mucho más complicado que terminar de levantar los humillantes permisos de viaje al exterior para todos los cubanos?

El viaje ha resultado demasiado cruento y desesperanzador. Mientras un puñado de opositores ha optado por desafiar pacíficamente al régimen a riesgo de parar en la cárcel por 20 años o más, la mayoría de los inconformes calla o se marcha del país.

Aferrada a los golpes de suerte, la nación sigue a la espera de los milagros económicos, las ventajas de la cooperación internacional y el cambio de la política de Washington: los 92,000 barriles diarios de petróleo venezolano, las posibles reservas de hidrocarburos en las aguas profundas del Golfo de México, el intercambio comercial con Brasil, la restauración de los créditos europeos, la solidaridad latinoamericana tras la entrada en el Grupo de Río...

Y sobre todo a un cambio de rumbo en la Casa Blanca con el presidente electo Barack Obama, convertido en un rey Midas para el caso cubano tanto entre la élite gobernante como en el imaginario popular de la isla.

Pero hay indicadores simples que hablan elocuentemente de la ruta cumplida en estos 50 años. Entre 1958 y el 2008 el Producto Interno Bruto de Cuba descendió del tercero al vigesimoprimer lugar entre los 31 países de América Latina. La deuda externa creció de $100 millones a $16,000 millones y el déficit de la balanza comercial subió de $39 millones a $10,000 millones. La producción azucarera apenas alcanza el millón de toneladas, obligando a la isla a importar azúcar de Colombia y Brasil. Las cabezas de ganado se redujeron de 5.7 millones a 3.8 millones. El país que tenía en los 50 el más alto índice de televisores y teléfonos de la región, también ha descendido sitiales considerables en estos rubros, para no hablar del acceso a la telefonía celular y la internet, uno de los más bajos del mundo.

A estas alturas, también se han erosionado los puntales de la vitrina castrista en materia de salud, educación y deportes, y las bondades humanitarias del sistema no han logrado detener el éxodo de cubanos hacia los más remotos puntos del planeta. El último plebiscito lo han ejercido esta semana los miles de cubanos apostados frente a la Embajada de España en la Habana para reclamar la nacionalidad (y especialmente, el pasaporte) de sus ascendientes españoles.

Un 10 por ciento de la población cubana está en la diáspora y el pronóstico para los años venideros no apunta a un panorama diferente. Quizás sea esta estadística la prueba más rotunda de una revolución que prometió adecentar la patria para hacerla un lugar de confluencias para todos los cubanos que habían marchado al exilio. Desde los días previos a sus combates en la Sierra Maestra, Fidel Castro tenía claro que escapar de un país constituye un incuestionable signo del desencanto ciudadano y así lo expresó en un artículo publicado en el periódico La Calle, el 17 de junio de 1955: "¡A qué grado de rebajamiento moral, de desenfreno y de odio mezquino se ha llegado! Si las cosas siguen en Cuba como van, no nos quedará más remedio que disponernos a morir, o ir buscando un lugar del mundo a donde emigren todos los cubanos, porque aquí no se puede ya vivir''.

Un siglo después de frustraciones políticas, sumando 50 años de república incompleta y otros tantos de desvarío castrista, el pueblo cubano merece cruzar la puerta hacia una época de renacimiento nacional.

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