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Los jóvenes no saben qué esperar

Y las nuevas generaciones de cubanos, los más jóvenes, ¿qué quieren, en qué piensan, cuáles son sus esperanzas? La pregunta, hecha tan a menudo, viene de una mala conciencia: la de que no existe lugar para ellos, una franja donde puedan cumplirse como individuos. Claro que lo mismo podría decirse de otras muchas generaciones dentro de Cuba, aunque un país ordenado por los méritos de la cronología, regido por ancianos, pesa especialmente sobre los más jóvenes.

No se trata de una cuestión retórica a 50 años de la revolución de Fidel Castro. Dado el miedo de la gerontocracia, lo que se intenta averiguar con ella es hasta qué punto los jóvenes están dispuestos a la revuelta. Porque allí donde se vuelve impracticable la huida de la casa paterna (¿a dónde podría marcharse uno cuando apenas se construye y ningún dinero puede pagar un rincón propio?), resulta calcinante la curiosidad sobre unos seres aplastados, todavía con menos horizontes que sus padres.

¿Qué quieren, ellos que tanto necesitan? ¿En qué piensan cuando deben plegarse a cuanto les es impuesto? ¿Y qué futuro alcanzan a imaginar en medio del sinsentido histórico? La III Encuesta Nacional de Juventud, celebrada hace tres años, hizo ver que la mayoría de los encuestados dependía económicamente de sus padres, que más de la mitad de sus domicilios sufrían de fallas constructivas, y que no sentían especial inclinación hacia el matrimonio. Pero, más allá de estas cuestiones, el principal rasgo destacado por los especialistas del Centro de Estudios sobre la Juventud y el Centro de Estudios de Población y Desarrollo, a cargo ambas instituciones de hacer las preguntas, consistió en "el respaldo mayoritario de los jóvenes al proyecto social cubano y su confianza en la continuidad de la Revolución''.

Para describir tal continuidad y ejercitar tal confianza, el diario habanero Juventud Rebelde publicó el último día del año 2006 los resultados parciales de una encuesta en la que participaron casi 300 jóvenes de "varios sectores sociales y provincias''. Unos periodistas convertidos en encuestadores pidieron a esos jóvenes que adelantaran cómo sería el país en el año 2020. La fecha fue escogida al azar, según afirmaron. (Para título general de sus últimas novelas, el chileno Roberto Bolaño recurrió al 2666. El realizador de cine Wong Kar-Wai eligió el año 2046 para tramar una historia de amor en el futuro. A los encuestadores del diario Juventud Rebelde debió parecerles suficientemente lejano el 2020, y pidieron a sus jóvenes interrogados que imaginaran la Cuba de entonces.)

Varias objeciones pueden hacérsele a una encuesta así: las preguntas --si es que todo el cuestionario no se redujo a una sola-- no se publicaron, las respuestas sólo aparecieron parafraseadas, y se echaban de menos esas especificidades (edad, sexo, escolaridad) que acostumbran a detallar las estadísticas. El mayor reparo, sin embargo, estriba en que la encuesta fuese practicada por un diario que, desde la cabecera, califica a la juventud por la cual tanto se interesa. Rebeldes por empeño editorial (es decir, revolucionarios), esos jóvenes no podían hablar verazmente. E incurrirían en la plaga que uno de ellos quiso ver desterrada de la Cuba futura: la doble moral.

Algunos de los encuestados refirieron lo imprescindible de la crítica, pidieron respeto para la diferencia de pensamiento. Delinearon ciertos rasgos del futuro: "sin apagones, sin prostitución'', mencionó una joven universitaria. Al leer sus contestaciones, pudo conmover lo nimio que reclamaban. Pudo asombrar la ingenuidad que les hizo creer --si en verdad lo creyeron-- que un régimen como el cubano resolvería en menos de tres quinquenios tantas tareas pendientes. Y, por último, resultó doloroso comprobar que, luego de medio siglo de gestión revolucionaria, en Cuba hay niños que no tienen juguetes.

Pronosticar el futuro es enjuiciar la actualidad. De todas las opiniones publicadas, las de un chofer de la región oriental son el mejor resumen de la situación. Luego de desear una baja en los precios de la carne de cerdo, un mejor abastecimiento de agua, una mejor red de transporte públicos y el regreso de la carne de res, ese anónimo oriental avisaba que le agradaría vivir en un país donde no fueran necesarias encuestas como aquélla. Es decir --aquí interpreto su sibilina réplica--, que deseaba una sociedad cuya capacidad de autocrítica no hubiese de ser pospuesta siempre, disimulada en novelas de anticipación o en encuestas acerca del futuro.

Sería óptimo que en adelante, incluso antes del 2020, no tuviésemos que interrogarnos sobre cómo las jóvenes generaciones contienen la respiración dentro de Cuba. Pero, dadas la actuales circunstancias, no es posible evitar la pregunta. Quienes tienen hoy menos de 30 años han sufrido a maestros improvisados (los verdaderos son moneda de cambio en las gestas internacionalistas), y se ha volcado sobre ellos la campaña propagandística más asfixiante entre todas las emprendidas por la administración revolucionaria. Esos jóvenes han debido atravesar la Batalla de Ideas (son estrictamente contemporáneos de Elián González), sufren la decadencia del sistema educativo, les ha tocado vivir una época de balseros y de prostitutas, y tal vez no estén suficientemente preparados para los cambios que sobrevendrán. Pero, ¿acaso lo está alguien?

Supongo que, de esa masa que hoy trabajan maestros ineficaces y una propaganda atroz, habrá quienes sobresalgan sin mayores dificultades. Es la historia que se repite en cada generación...

En las últimas semanas, en vísperas de cumplirse medio siglo de gestión revolucionaria, las instituciones políticas que adoctrinan a jóvenes y niños desplegaron un intenso programa de actividades. Como parte del proyecto denominado Operación Revolución, los 80,000 destacamentos de la Organización de Pioneros José Martí dedicaron jornadas de reflexión a los últimos 50 años, estudiaron la influencia del proceso revolucionario en sus familias, en toda la población, en todo el mundo. El Buró Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas impulsó un festival centrado en la lectura de la historia patria, en tanto el Consejo Nacional de la Asociación Hermanos Saíz, que agrupa a jóvenes artistas y creadores, calibraba el mejor modo de acometer la efemérides. Van a sucederse, a lo largo de todo el país, las galas político-culturales. El diario Juventud Rebelde, dado a las encuestas, invitó a sus lectores a contestar la siguiente interrogante: ‘‘¿Qué dejó sembrado en ti la Revolución Cubana?"

La metáfora, mala y agrícola, permite suponer las respuestas que habrán de recibirse. Las autoridades están deseosas de hacerse creer que el milagro persiste entre los más jóvenes, que lo ocurrido hace cinco décadas sigue siendo maravilla. Dirigentes ancianos procuran encontrar entre la gente nueva confirmaciones de una eternidad que dura medio siglo. La OJPM, la UJC y la FEU ordenan movilizaciones que remedan las inquietudes de quienes fueron jóvenes en los años 50 del siglo pasado (son notables los simulacros para conmemorar el asalto al Cuartel Moncada o el desembarco del yate Granma), y rebajan así cualquier acción a pantomima.

Mientras tanto, las encuestas oficiales parecen menos interesadas en el estudio de un sector de la población, que en la obtención de garantías de que no hay nada que temer de esos jóvenes.

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