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Krome muestra su nueva imagen

Krome, la base de misiles de la Guerra Fría convertida en centro de detención de Inmigración, después de enfrentar años de publicidad negativa, invierte millones de dólares en mejoras que pueden ayudar a borrar su reputación de mala administración, exceso de detenidos y caos.

En un recorrido reciente por la instalación --The Miami Herald fue el primer medio de comunicación en echar un vistazo a la instalación en tres años-- revela las mejoras: una nueva y espaciosa área de recepción para los familiares, una nueva clínica, nuevos salones para visitas pintados de verde turquesa y gris, salones alfombrados para los tribunales y dormitorios espaciosos con televisor y mesas de ping-pong para los detenidos.

En lo relativo al persistente exceso de detenidos que provocó una protesta de inmigrantes el año pasado cuando el total se aproximaba al millar, el 6 de diciembre había 544 detenidos en Krome, muchos menos del promedio de 629, que no llega a la capacidad máxima (funcionarios de Inmigración dicen que la meta es tener 600, pero que en una emergencia pueden albergar hasta 2,000).

El Centro Krome del Servicio de Procesamiento, que antes se parecía a un cuartel militar en mal estado, ahora cuenta con un edificio nuevo de $21 millones; sus oficinas están pintadas de tonos rojizos, los tribunales se ubican en un ala separada con pisos relucientes de madera pulida.

Ya desaparecieron el pequeño recibidor, las pequeñas y sucias salas de los tribunales y los dormitorios abarrotados de detenidos.

Krome albergó a los primeros inmigrantes durante el éxodo del Mariel en 1980, cuando 125,000 cubanos vivían en tiendas de campaña armadas sobre terrenos llenos de lodo al borde de los Everglades. Para 1985 el gobierno federal había construido dormitorios, una cafetería y una clínica en los terrenos del oeste de Miami-Dade.

En un país con aproximadamente 12 millones de inmigrantes indocumentados, Krome es ''la última frontera de Inmigración'', dijo Michael Rozos, el funcionario federal que dirige el centro.

Pero a diferencia de los cubanos en 1980, que recibieron la bienvenida del entonces presidente Carter y fueron liberados, los detenidos de hoy --con uniformes de varios colores --indocumentados o legales que han sido hallados culpables de delitos-- enfrentan la deportación por la vía rápida.

Los que se consideran más peligrosos, los culpables de delitos graves, usan uniformes rojos. Los ladrones, narcotraficantes y otros, se visten de color naranja. Los que llevan uniforme azul no tienen antecedentes penales, pero están en el país ilegalmente o no tienen sus documentos en orden.

Rozos ha trasladado a los indocumentados sin antecedentes penales al Centro de Transición de Broward en Pompano Beach y tiene planes de mantener en Krome sólo los convictos de delitos graves.

La transformación de Krome, que comenzó en enero, ha provocado reacciones positivas.

''Antes entrevistábamos a los detenidos a cielo abierto, en mesas de picnic y en bancos. Había mucho calor y muchas veces llovía'', dijo un funcionario de origen latinoamericano que pidió no ser identificado porque no estaba autorizado para hablar de las condiciones del lugar.

''Ahora tenemos aire acondicionado y salones espaciosos. Los detenidos tienen baños y lavamanos. Es mucho mejor'', dijo.

El reverendo Harold Vieux, presidente de la Conferencia de Pastores Haitianos Unidos en Cristo y presidente del directorio de la Junta de Relaciones Comunitarias del Condado Miami-Dade, dijo que en un recorrido en junio consideró que las instalaciones son más que adecuadas.

Algunos defensores de los derechos de los inmigrantes dijeron que las instalaciones han mejorado, pero el trato a los detenidos no ha mejorado al mismo nivel.

''Aunque ha habido muchas mejoras en la instalación, algo muy positivo, seguimos escuchando quejas de los detenidos sobre el trato'', dijo Cheryl Little, directora ejecutiva del Centro de Defensa del Inmigrante de la Florida, que ha monitoreado la situación en Krome desde hace años.

''Cuando hay demasiados detenidos u otros problemas, por lo general se les niega acceso a los medios'', dijo.

(Funcionarios federales fijaron condiciones para el recorrido de The Miami Herald por la instalación: no tomar fotos del rostro de los detenidos y cero entrevistas con ellos, debido a preocupaciones de privacidad).

Más allá del nuevo edificio, al final de un corredor exterior de aproximadamente una cuadra de largo, hay varios edificios antiguos pero remodelados donde los detenidos duermen, juegan cartas y miran televisión.

Al dirigirse a los dormitorios, los visitantes pasan junto a canchas de baloncesto y voleibol y hay un terreno de fútbol detrás de una de las instalaciones.

Un dormitorio normal tiene 32 literas. Los detenidos tienen 10 mesas redondas con asientos sin respaldar atornillados al suelo, donde pueden jugar cartas o ver un televisor de pantalla grande que cuelga del techo en el centro de del salón.

Cuando tienen que limpiar los dormitorios o trabajar en la cocina, los detenidos ganan $1 al día, el máximo autorizado por el Congreso. Es lo suficiente para comprar un dulce, papas fritas u otras meriendas en las máquinas expendedoras, que están protegidas por una jaula de metal.

En pizarrones colocados junto a ocho teléfonos para los detenidos están los números de los consulados --hay unos 100 en el sur de la Florida-- junto con los números de iglesias, mezquitas y sinagogas.

También hay una barbería al aire libre.

El desayuno se sirve a las 6 a.m., el almuerzo a las 11 a.m. y la cena a las 4 p.m. en una cafetería decorada con murales pintados por los detenidos, que presentan escenas de sus países de origen.

Mientras los guardias llevan a docenas de detenidos a la cafetería un día soleado de diciembre, varios le piden al fotógrafo que los fotografíe. Un hombre con acento europeo y la cabeza afeitada, grita, quizás con sarcasmo: ``Tómeme una foto. Somos detenidos felices''.

achardy@MiamiHerald.com

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