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Navidad de reencuentro y despedida en un hospicio

La Navidad es fecha de reencuentro. Las personas que se aman desean verse y a las amadas que ya no están se les recuerda.

Pero para algunos puede ser una mezcla de reencuentro y recordación. O incluso de despedida.

Este fue el caso de los familiares que pasaron el Día de Navidad en un hospicio en Hialeah Gardens junto a su ser amado que no estará presente en las celebraciones del próximo año.

Otros residentes del hospicio, sin embargo, no tuvieron con quién compartir el espíritu de la Navidad.

"Le pido a Dios por vida. Especialmente hoy'', rezó cabizbajo Carlton Lightbourne, un paciente de 50 años proveniente de Bahamas que se encontraba solo; su familia estaba en la isla.

"No puedo cambiarlo'', comentó resignado. Sus manos se agarraban una a otra. Su voz era suave y estaba somnoliento por los analgésicos. Al despedirse, hizo un gesto con el pulgar derecho.

Todo el día, un arco iris de poderosas emociones cobijó ayer al centro de cuidados internos del Hospicio Católico que abrió esta semana.

El hospicio, patrocinado por la Arquidiócesis de Miami y el Hospital Mercy, cuida a pacientes del sur de la Florida que los médicos prevén que morirán en los próximos seis meses. El objetivo es brindar atención espiritual y médica a la persona en sus últimos días.

"El hospicio es acerca de vivir, no de morir'', dijo Brian Payne, presidente del Hospicio Católico. "Pero sabemos que nuestros pacientes van a morir''.

Aunque los familiares esperan que el deceso no ocurra durante la Navidad, saben que no podrán compartir la próxima con sus seres queridos.

"Esta es su última Navidad'', afirmó Karelys Llanos, de 33 años, limpiándose las lágrimas en el cuarto semioscuro de meditación aledaño a la habitación de su madre, Arelys Díaz, que padece de cáncer e insuficiencia renal.

Díaz, de 66 años, sabe que va a morir pronto.

"Los momentos negros vienen llegando'', auguró la mujer. "Tanto ellos como yo nos sentimos muy mal''.

Llanos no hablaba de ello para no aumentar la carga emocional sobre la madre.

De todos modos, Llanos estaba más tranquila de ver serenidad en la mirada de su madre, que no quería comer sino masticar hielo. Estaba cómoda en su cuarto, amoblado como una habitación corriente en una casa pero bajo supervisión médica las 24 horas del día.

Sus nietos le regalaron una taza con la imagen de ellos. También había una pequeña cartelera en la pared con fotos de la familia.

Precisamente por eso, la familia mudó a Díaz del hospital al hospicio el martes. Querían un ambiente más íntimo para las fiestas, pero no podían traerla a casa por el dolor tan fuerte que constantemente sufre.

Además, en el hospicio les iban a brindar apoyo espiritual y emocional, tanto al paciente como a la familia.

"Espiritualmente, te hacen sentir tranquilo. Aquí uno se siente más cerca de la fe y de Dios'', confesó Díaz.

Esta es la primera vez que Hospicio Católico abre una unidad de cuidados internos. Tradicionalmente, la organización sin ánimo de lucro brinda atención a los pacientes en sus residencias, hospitales, hogares de ancianos o centros de asistencia de vida.

Los servicios abarcan visitas de médicos, enfermeras y asistentes certificados que ayudan a los pacientes en sus necesidades personales y actividades cotidianas.

No obstante, había momentos de soledad.

Ayer, Lightbourne mantenía el teléfono a su lado a la espera que su familia en la isla se comunicara con él. A pesar de que estaba conectado a un respirador y de que no podía hablar claro, trataba de mantenerse positivo. Para eso recordaba momentos más felices, como la última Navidad con sus hijos.

Eventualmente, entró una llamada de Bahamas que reivindicó su fe.

En la habitación de al frente, los familiares de Díaz le daban cariño. La mujer, acompañada por una vieja amiga, esperaba por la llegada de su nieta preferida, que estaba en la iglesia.

Para Llanos, esta era la última oportunidad de compartir con su mamá, un momento sagrado que debía disfrutar, no sólo en el presente, sino porque seguramente lo volvería a recordar durante la próxima Navidad.

Mientras tanto, Llanos oraba para que Dios le diera el regalo de recibir el Año Nuevo juntas.

dshoer@elnuevoherald.com

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