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Doctora de Miami condenada a 30 años de prisión por fraude al Medicare

Un juez federal dictó una de las condenas más severas por fraude al Medicare, al sentenciar el miércoles a la doctora de Miami Ana Alvarez-Jacinto a 30 años de prisión.

El juez de distrito federal Federico Moreno ignoró la petición de libertad condicional de la médica, de 54 años, sentenciándola por cobrar al Medicare $11 millones en falsas terapias de VIH.

Moreno encontró tan ofensiva la conducta de la doctora que fue más allá de la recomendación de la fiscalía de 22 años de cárcel. El magistrado citó el hecho de que ella no mostró remordimiento alguno después de haber sido hallada culpable en octubre, y que ella había mentido en el banquillo de los testigos.

"Mi conclusión es que ella mintió'', dijo Moreno. "Es así de simple. Ella mintió descaradamente''.

La sentencia de Moreno enviará sin duda un claro mensaje a los perpetradores de fraudes al Medicare en el condado Miami-Dade, reconocido como la capital de la corrupción de la salud en toda la nación.

Sandra Mateos, una enfermera que tuvo un encontronazo con la doctora, recibió una condena de siete años por su papel menor en la conspiración.

La condena de 30 años de Alvarez-Jacinto va mucho más allá del promedio de 2 años y medio, según la fiscalía federal de Miami.

La doctora había solicitado previamente libertad codicional, y había sacado un anuncio en El Nuevo Herald urgiendo a sus colegas, pacientes y amigos a escribir cartas pidiendo misericordia a Moreno, quien revocó su fianza luego de que el jurado la encontró culpable de fraude al Medicare en octubre.

"Se lo suplico por el bien de mi familia'', dijo ella el miércoles al juez. "Ya mi vida está arruinada''.

Alvarez-Jacinto y la enfermera de 44 años, Mateos, trabajaban en una clínica de Miami que era una fachada para un trío de hermanos inmigrantes cubanos, que concibieron una estafa de $119 millones contra el programa de salud nacional antes de huir a Cuba en junio.

Los hermanos controlaban una docena de clínicas en Miami-Dade que facturaban al Medicare por tratamientos obsoletos de VIH, que eran innecesarios o no se les brindaban a los pacientes, quienes recibieron sobornos.

Los fiscales recomendaron previamente que el juez enviara a la cárcel a Alvarez-Jacinto por 22 años, lo cual hubiera sido uno de los castigos más duros para un acusado de fraude al Medicare desde que se unieron el Departamento de Justicia y la oficina del Procurador General, el año pasado, para combatir la corrupción en los programas de salud gubernamentales.

Los fiscales recomendaron un máximo de 10 años en prisión para Mateos, la ex esposa de uno de los tres hermanos cubanos. Mateos está divorciada de Luis Benítez, buscado por el FBI junto a sus hermanos Carlos y José Benítez.

Los hermanos, cuyos millones mal habidos de Medicare fueron invertidos en propiedades inmobiliarias y otras en la República Dominicana, están en estos momentos presos en La Habana por violaciones de inmigración, según las autoridades federales. Mientras tanto, los agentes del FBI y la policía dominicana han estado confiscando sus bienes.

Alvarez-Jacinto fue hallada culpable junto a otros seis profesionales médicos de estafar al Medicare al enviar reclamaciones falsas de tratamientos intravenosos de VIH en St. Jude Rehab Center Inc., 330 SW 27 Avenida.

Su padre, el doctor Orestes Alvarez-Jacinto, la trajo a trabajar a la clínica en el 2003. El se declaró culpable el mes pasado y fue condenado a 18 meses en prisión.

El plan funcionaba de esta manera: los hermanos Benítez reclutaron a los pacientes de VIH para que vinieran a St. Jude pagándoles $150 por cada visita. Los médicos de la clínica prescribían el mismo tratamiento para todos los pacientes, sin importar su diagnóstico médico.

Luego, St. Jude facturaba al Medicare por un costoso fármaco de VIH intravenoso WinRho, hecho a base de plasma humano. El medicamento sólo es necesario para pacientes de VIH con un conteo bajo de plaquetas.

Pero ninguno de los pacientes de St. Jude tenía un nivel de plaquetas lo suficientemente bajo para necesitar el fármaco, según los expertos que testificaron en el juicio.

De modo que el costoso tratamiento, pagado por los contribuyentes, no era necesario. Y, según la fiscalía, no siempre era administrado a los pacientes.

El equipo médico de padre e hija fue entrenado por un enfermero certificado, Thomas McKenzie, quien trabajaba para la cadena de clínicas de los hermanos Benítez. McKenzie, quien se declaró culpable y cooperó con las autoridades, recibirá su sentencia este jueves.

En su defensa, la doctora Ana Alvarez-Jacinto testificó que ella no tenía idea de que St. Jude fuera una fachada fraudulenta para los hermanos Benítez con objeto de estafar al Medicare.

En el anuncio que puso el mes pasado en El Nuevo Herald, ella declaraba: "Soy inocente de las acusaciones que se me hacen''.

Ella urgía a sus colegas médicos, a los pacientes y a otros a que vinieran en su ayuda con respecto a la condena, lo que incluía escribir cartas apoyándola al juez.

Entre los 40 corresponsales en los archivos del juzgado: su ex esposo.

"Yo le ruego por el bien de Ana, Kathrine [nuestra hija] y los pacientes de Ana que, por favor, considere mi solicitud de dar una oportundad a Ana'', dijo el doctor Lawrence R. Brown, cirujano oral cuya consulta está en Miami-Dade.

La doctora podría tener 84 años cuando salga finalmente de la prisión federal.

jweaver@MiamiHerald.com

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