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Crecen señales de que Fidel Castro retornó al poder

La frase para caracterizar el ya agonizante 2008 en Cuba está circulando jocosamente tanto dentro de los organismos estatales como en la calle: "El Año en que Fidel Castro regresó al poder''.

Cuando el general Raúl Castro asumió oficialmente el mando del Estado cubano el pasado 24 de febrero, recibió la aprobación del Parlamento para consultarle al gobernante saliente Fidel Castro ‘‘las decisiones de especial trascendencia'' para el futuro del país, principalmente las relacionadas con la defensa, la política exterior y la economía nacional.

Pero las evidencias del acontecer político cubano, las declaraciones oficiales tras la debacle provocada por los huracanes Gustav e Ike, así como reportes filtrados por fuentes vinculadas a las esferas de poder, revelan que la participación del líder convaleciente en las decisiones gubernamentales ha sobrepasado la simple función consultiva.

"El hombre [Fidel Castro] está al mando de nuevo, como en los mejores tiempos'', afirmó a El Nuevo Herald un funcionario estatal que pidió anonimato. "A cada rato levanta el teléfono para controlar una reunión o saber de una discusión en el Consejo de Ministros''.

La primera confirmación pública de su retorno a la toma de decisiones fundamentales ocurrió a fines de abril, a raíz de la destitución del ministro de Educación, Luis Ignacio Gómez. Dos días después de la escueta nota oficial que informó la medida, fue Fidel Castro quien explicó la sustitución en una de sus "reflexiones''.

"En este especial e importante caso, aparte de mis apreciaciones personales, fui consultado e informado plenamente'', aseguró el ex gobernante. "Asumo, por tanto, la responsabilidad plena por esta decisión, sean cuáles fueren las reacciones y consecuencias''.

En ese artículo, Castro aprovechó para dejar claro que también había participado en los nombramientos al Consejo de Estado de los generales Leopoldo Cintra Frías, jefe del Ejército Occidental, y Alvaro López Miera, jefe del Estado Mayor General y viceministro de las FAR.

No es de extrañar, por tanto, que la repentina salida de Marta Lomas como titular del Ministerio para la Inversión Extranjera y la Colaboración Económica se atribuya a un rapto de Castro, incómodo por unas declaraciones de la funcionaria sobre el triunfo electoral de Barack Obama.

Tras la designación este año de Ricardo Cabrisas como ministro de Gobierno y vicepresidente del Consejo de Ministros, los rumores sobre el remplazo de Lomas comenzaron a circular en los organismos gubernamentales. Pero la decisión sobrevino bruscamente el 13 de noviembre, apenas dos días después de que Lomas se refiriera en términos elogiosos a Obama durante una feria internacional en La Habana.

Según fuentes vinculadas al Ministerio de Comercio Exterior, al parecer Castro montó en cólera tras ver reflejadas en la prensa extranjera las opiniones de Lomas como "la primera reacción oficial del gobierno cubano por el triunfo de Obama''. Hasta ese momento La Habana había guardado silencio sobre el tema.

"Lo que hemos oído es que el Comandante se enfureció con eso y preguntó quién le había autorizado a ella [Lomas] a hablar a nombre del gobierno'', aseguró un empleado estatal.

Tres días después, en una artículo dedicado a la reunión del G-20 en Washington, Castro emitió la primera opinión sobre la elección presidencial estadounidense en términos menos entusiastas: ‘‘Muchos sueñan que, con un simple cambio de mando en la jefatura del imperio, este sería más tolerante y menos belicoso (...) No se conoce todavía el pensamiento más íntimo del ciudadano que tomará el timón sobre el tema. Sería sumamente ingenuo creer que las buenas intenciones de una persona inteligente podrían cambiar lo que siglos de intereses y egoísmo han creado''.

Pero el capítulo que resulta más ilustrativo del protagonismo recuperado por Fidel Castro sobrevino ante la situación de crisis creada por el paso de dos devastadores huracanes, entre agosto y septiembre.

Fue Fidel Castro quien hizo los primeros pronunciamientos, caracterizó los destrozos y trazó las vías de recuperación tras los embates del huracán Gustav en el occidente del país, utilizando sus columnas periodísticas. Entre el 31 de agosto y el 16 de septiembre, el retirado gobernante publicó cuatro reflexiones sobre la debacle provocada por Gustav e Ike, así como una extensa carta dirigida al programa televisivo Mesa Redonda para anunciar que "vendrá ahora el análisis de los factores objetivos, el uso racional y óptimo de los recursos materiales y humanos; qué debe hacerse en cada lugar concreto, dónde debe o no invertirse..."

Hasta ese momento el gobernante Raúl Castro no había aparecido en público. No lo hizo hasta 17 días después de que Gustav arrasara la zona occidental de la isla.

"La impresión que dejó esta crisis es que Fidel Castro estaba tomando las decisiones importantes'', observó Philip Peters, vicepresidente del Instituto Lexington y asesor de asuntos cubanos en el Congreso. "Mientras Raúl Castro se mantenía en un perfil bajo, era Fidel Castro quien hacía comentarios y evaluaciones casi diarias sobre los huracanes''.

Al parecer, esa fue la misma percepción que tuvo el artista y diputado Alexis Leyva (Kcho) cuando llegó a la zona devastada de Isla de la Juventud y sintió la necesidad de comunicar la alarmante situación a los máximos niveles gubernamentales. Kcho le escribió de inmediato una carta a Fidel Castro con sus impresiones del lugar, que fue citada por el destinatario en su reflexión titulada Un golpe nuclear, el 2 de septiembre.

En sus recorridos por la zona occidental, a fines de septiembre, el propio Raúl Castro contribuyó a reforzar el papel rector de su hermano durante la etapa de recuperación. Según el gobernante, se crearían unas 80 brigadas para construir viviendas en los municipios más afectados del país.

"Estas brigadas fueron diseñadas por el compañero Fidel antes de su enfermedad y ahora se consultó con él la composición prevista y se hicieron los ajustes que él recomendó para garantizar su vitalidad en caso de roturas de los equipos esenciales'', explicó entonces Raúl Castro durante una reunión con el Consejo de Defensa en Pinar del Río.

La autoridad de Fidel Castro se hizo sentir también en el rechazo a los ofrecimientos de ayuda de Estados Unidos para los damnificados tras el golpe de los huracanes en la isla.

El gobierno estadounidense ofreció contribuciones de $5 y $6.3 millones para paliar los daños pero el régimen cubano rechazó ambas propuestas de manera tajante.

Fuentes en Washington aseguran que había indicios previos de que la propuesta de ayuda estadounidense podía recibirse en La Habana como un gesto de buena voluntad y sería finalmente aceptada.

"Había referencias confiables de que en las altas esferas del gobierno cubano había voluntad para aceptar la ayuda humanitaria sin condiciones'', expresó un funcionario estadounidense que pidió anonimato. "Lamentablemente, no sucedió así''.

En una iniciativa sin precedentes de la administración de George Bush, las notas con el ofrecimiento fueron entregadas personalmente por el subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Thomas Shannon, a Jorge Bolaños, jefe de la sección de Intereses de Cuba en Washington. Pero todo quedó en el protocolo diplomático.

El 14 de septiembre, una nota verbal de respuesta de La Habana al Departamento de Estado pidió una moratoria de seis meses al embargo y advirtió que Cuba "no puede aceptar una donación del gobierno que nos bloquea''. Fidel Castro selló el caso dos días después con un artículo titulado El papel del bueno, ¿a costa de quién?

"Creo que no queda ninguna duda de que la palabra final de aprobación la tiene él [Fidel Castro], lo que de hecho lo convierte en una suerte de Gran Elector de Sajonia'', comentó el activista disidente Elizardo Sánchez Santacruz desde La Habana.

Los expertos consideran que luego de sus primeras intervenciones con promesas de transformaciones en las estructuras gubernamentales y la implementación de ciertas medidas liberalizadoras para la compra de teléfonos celulares y equipos electrodomésticos, Raúl Castro ha perdido acometividad en los cambios anunciados.

Incluso la reforma salarial --esgrimida como una tarea estratégica de su mandato-- ha tenido que ser aplazada hasta el año entrante.

Raúl Castro no ha mostrado reticencias para mostrar su lugar secundario respecto al hermano octogenario en asuntos gubernamentales.

El pasado noviembre, al describir el encuentro de dos horas entre el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva con Fidel Castro, Raúl Castro reveló a los periodistas: "Yo sólo escuchaba, aprendiendo de los dos''.

En una reciente entrevista con Sean Penn, publicada por la revista The Nation, Raúl Castro le confesó al actor estadounidense que minutos antes del encuentro estuvo al habla con Fidel Castro. "Fidel me llamó hace un momento y quiere que lo llame después que nosotros hablemos. El quiere saber cada cosa de lo que nosotros conversemos aquí'', afirmó.

Agregó que él mantiene su antigua oficina para ejercer las tareas de gobierno, pues el despacho de Fidel Castro en el Consejo de Estado permanece intacto. También la silla presidencial de Fidel Castro en el Parlamento ha permanecido vacía en todas las sesiones celebradas desde el 2006.

El sábado, al arribar a Caracas en su primera gira internacional como gobernante, Raúl Castro expresó que trae a los venezolanos "un saludo y un abrazo del jefe de la revolución''.

Fidel Castro no ha aparecido en público desde que se enfermó en julio del 2006 y las últimas imágenes suyas en video se trasmitieron en junio pasado. En las fotos más recientes, difundidas en noviembre, se le ve extremadamente delgado y frágil, aunque las personas que han conversado con él dicen que está lúcido y en plena capacidad para tomar decisiones.

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