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Prueba genética detecta aptitud de un niño para los deportes

Cuando Donna Campiglia supo hace poco que hay una prueba genética que puede determinar en qué deporte se destacaría más su hijo Noah, de 2 años y medio, en seguida preguntó dónde se hacía el examen y cuánto costaba.

"Algunos pueden pensar que esas pruebas encasillan al niño y lo exponen a menos experiencias. Pero creo que está bien inclinarlos a las actividades que más les van'', dijo Campiglia, de 36 años.

En Boulder, ciudad muy consciente de la salud física, Atlas Sports Genetics responde a la obsesión de los padres con pruebas genéticas que cuestan $149 y supuestamente pronostican el talento natural para los deportes. El proceso es simple: se recoge una muestra de ADN en la boca y se envía al laboratorio para un análisis del gen ACTN3.

La prueba tiene por fin determinar si una persona tiene mejor aptitud para practicar campo y pista o fútbol, o deportes de velocidad y fuerza, o deportes de resistencia, o una combinación de ambas cosas. Un estudio del 2003 descubrió el vínculo entre el gen ACTN3 y esas capacidades atléticas.

En esta época de pruebas genéticas se analiza el ADN para determinar si hay peligro de que la persona sufra ciertas enfermedades, pero hay expertos que expresan serias interrogantes sobre su uso para determinar el potencial deportivo de los niños, algo que muchos padres consideran la vía hacia una beca universitaria o una carrera como atleta profesional.

Los ejecutivos de Atlas admiten que la prueba no es perfecta, pero afirman que puede crear ciertas pautas en la educación deportiva de los menores. La compañía se concentra en analizar a los niños desde la infancia temprana hasta los 8 años porque las pruebas físicas para medir el rendimiento deportivo futuro en ese rango de edad son poco fiables.

Algunos expertos dicen que las pruebas de ACTN3 están en su primera fase y son prácticamente inútiles. El doctor Theodore Friedmann, director del programa de terapia genética del Centro Médico de la Universidad de California en San Diego, la califica de "un engaño''.

"Tal vez esto no sea tan banal, pero hacen falta más investigaciones de ofrecerlo al público''.

Stephen M. Roth, director del laboratorio de genómica de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Maryland, que ha estudiado el ACTN3, afirma creer que la prueba se hará popular, pero tiene sus reservas.

"El concepto de si son uno o dos genes los que contribuyen a que existan deportistas como Michael Phelps y Usain Bolts creo que se queda corto, porque las razones son mucho más complejas'', dijo, y añadió que el rendimiento deportivo depende de por lo menos 200 genes.

Roth indicó que el ACTN3 es "uno de los genes más interesantes y asombrosos en el campo deportivo'', pero añadió que el análisis se debería usar sólo entre atletas de alto rendimiento que desean adecuar los ejercicios a su biotipo.

El estudio que identificó la relación entre el ACTN3 y el rendimiento deportivo fue publicado en el 2003 por investigadores científicos australianos, que estudiaron las combinaciones genéticas, con una copia de cada uno de los padres. La variante R del ACTN3 hace que el organismo produzca una proteína llamada alfa-actinina-3, presente en los músculos que se contraen con rapidez, algo necesario en deportes de velocidad y fuerza. La variante X impide la producción de esa proteína.

En el estudio del ACTN3 se observó a 429 atletas blancos de elite, entre ellos 50 deportistas olímpicos. Se concluyó que 50 por ciento de los 107 atletas de carreras cortas tenían dos copias de la variante R. No se encontró ninguna esprínter que tuviera dos copias de la variante X. Todos los deportistas olímpicos que practicaban disciplinas de fuerza tenían dos copias de la variante R.

Todavía más revelador, ninguna corredora de elite tenía dos copias de la variante X.

Todos los atletas olímpicos en deportes de fuerza tenían al menos una copia de la variante R.

Del mismo modo, casi 25 por ciento de los atletas destacados en deportes de resistencia tenía dos copias de la variante X --sólo un poco más que el grupo de control, con 18 por ciento. Eso significa que tener dos copias de la variante X probablemente los hace más aptos para los deportes de resistencia.

Aun así, algunos attletas fueron prueba de que la ciencia, y aparentemente sus genes, estaban equivocados. La investigación sobre un atleta español que se dedica al salto largo halló que éste no tenía copias de la variante R, lo que demuestra que una combinación de genes, así como factores como el ambiente, la ética del trabajo, la nutrición y la suerte son factores para el éxito o el fracaso.

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