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Padre Olallo: una vida al servicio de pobres y enfermos

José Olallo nació el 12 de febrero de 1820 y a los 30 días fue dejado por su madre en la Casa Cuna de San José, en La Habana.

A partir de los siete años se crió en la casa de beneficencia de la Iglesia Católica en la Habana y continuó su educación hasta los 13 años.

"En 1833 hubo una epidemia de cólera en La Habana y siendo un niño, José Olallo comenzó a brindar atención a los enfermos de cólera y los hermanos de San Juan de Dios vieron en él un espíritu de servicio y lo aceptaron para ser un religioso de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios'', relató el postulador de su causa de beatificación, el padre Félix Lizaso.

Luego de dos años de preparación en el Hospital de los Santos Felipe y Santiago, en la Habana, hace su profesión de votos, en 1835, y se traslada a Camagüey para servir en el Hospital San Juan de Dios.

"Tenía tanto cariño por los pobres, por los ancianitos y los enfermos que les llamaba ‘mis hermanos predilectos' '', dijo el padre Lizaso.

A lo largo de los 54 años que vivió en Camagüey, asistió en muchos brotes de epidemias de cólera, viruela, fiebre amarilla y otras enfermedades.

"Durante la Guerra de los Diez Años, de 1868 a 1878, se preocupó mucho de brindar asistencia a los soldados enfermos, a los heridos, tanto del ejército español como de los soldados cubanos de las filas mambisas, porque no le importaban los bandos políticos'', precisó el sacerdote.

Se hizo cargo del cuerpo del ilustre general camagüeyano Ignacio Agramonte y Loinaz cuando, luego de morir a manos de fuerzas españolas, fue expuesto en el hospital de San Juan de Dios antes de ser incinerado. El cadáver ensangrentado del general Agramonte había quedado tirado en la Plaza San Juan de Dios y el fraile Olallo, con gran valor, llegó hasta la plaza, le limpió las heridas con su pañuelo y lo llevó al hospital donde rezó por él.

"El ejemplo de fray Olallo al limpiar el cadáver de Ignacio Agramonte pero, además, atender a los heridos de ambos bandos nos muestra que el amor de Dios abarca a todos y evita todo tipo de divisiones, de tal manera que él nos da un testimonio elocuente de lo que es la universalidad del amor cristiano, que no hace distinciones de personas y que se mueve sin temor bajo el único imperativo del bien y del amor'', afirmó el obispo auxiliar de La Habana, monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, secretario general de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba.

Luego de una larga vida de servicio, el hermano Olallo sufrió en carne propia los rigores de una enfermedad dolorosa, hasta que murió el 7 de marzo de 1889.

El padre Lizaso dijo que, para buscar la canonización de fray Olallo se requiere un nuevo milagro, estudiado y aprobado. Los testimonios se pueden enviar por correo al Obispado de Camagüey, en Cuba, o a la Postulación de San Juan de Dios en Roma, Avenida de la Nocetta 263, 00164, Roma, Italia.

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