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Cubano discapacitado denuncia que La Habana retiene a su familia

Un cubano que sufrió la amputación de sus brazos en su intento por alcanzar la libertad, y que llegó a Estados Unidos el año pasado luego de completar una larga travesía, denunció que La Habana está reteniendo a su familia a pesar de que ya tienen visas estadounidenses.

El caso de Jorge Albart Rodríguez adquirió notoriedad en marzo del 2007 cuando hizo pública su historia y relató con lujo de detalles que, en su deseo por escapar de una cárcel castrista en la década de los 80, se inyectó petróleo en los brazos.

"Toda esa frustración y dolor que sentí durante mi encierro no se compara con el sufrimiento de no tener a la familia reunida. Ellos ya deberían estar en Miami, pero el gobierno cubano ha demorado la autorización de su salida sin ofrecernos una explicación'', detalló Albart.

El hombre sospecha que la publicidad que adquirió su caso nunca fue bien vista por las autoridades de la isla y ahora están obstaculizando el trámite de salida de su esposa Judith, así como de sus hijos Jury y Jorge, de 9 y 19 años, como un acto de venganza, ya que los permisos debieron estar listos en septiembre.

La retención de familiares cercanos para obligar el retorno a la isla de desertores y aleccionar a los exiliados que fustigan la violación de derechos humanos en Cuba causó revuelo esta semana en Miami, cuando al menos una docena de profesionales de la salud de origen cubano, que trabajaron en misiones internacionales y abandonaron sus puestos, denunciaron que el régimen comunista les negando salvoconductos a sus parientes.

"La pesadilla no acaba y francamente no sé qué más puedo hacer. Si no hay una pronta solución, estoy dispuesto a declararme en huelga de hambre. No le tengo miedo a nada'', aseveró Albart, de 38 años.

De hecho su determinación ha sido puesta al límite en más de una oportunidad. Albart no había cumplido 17 años de edad cuando fue arrestado por las autoridades cubanas tratando de alcanzar las costas de la Florida en una embarcación precaria. Por esta falta, el joven de aquel entonces fue sentenciado a cuatro años de prisión y aislado de los demás reclusos.

Las condiciones del encierro hicieron que asumiera actos desesperados sin medir las consecuencias, como inyectarse petróleo en sus brazos para que fuese llevado de emergencia al hospital y así intentar una fuga.

Lo que nunca imaginó era que sus celadores no le creyeran y le negasen auxilio inmediato. La falta de atención médica oportuna resultó en una infección terrible y la amputación obligada de sus extremidades superiores para salvarle la vida.

Años después, Albart trató de escapar de Cuba hasta en dos oportunidades pero sin mucha fortuna. Finalmente logró su objetivo en el marco de una operación de contrabando humano que lo dejó en las costas mexicanas y que se complicó aun más en tierra firme, debido a que el grupo con el que venía cayó en manos de una mafia que les robó lo poco que tenían antes de cruzar la frontera a Estados Unidos.

"Fue una travesía de casi un mes por la búsqueda de un mejor futuro, por la idea de que algún día sería feliz con mi familia. A pesar de todo no he perdido las esperanzas de verlos'', dijo Albart, quien se gana la vida en la calle vendiendo aguacates y flores.

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jcchavez@elnuevoherald.com

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