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Desesperanza e indiferencia

Súbitamente, por un solo día, la mayoría de los ciudadanos de seis municipios de Miami-Dade amanecieron conformes.

No estaban furiosos por la corrupción de políticos, ni por las disparidades entre los que tienen y los que no. Olvidaron el desarrollo urbano mal planificado que ha disparado los precios de las viviendas y desplazado a miles de familias a vecindarios más pobres.

De pronto, perdieron su voluntad de cambio.

Se convencieron de que no hay remedio para impedir que las futuras Bárbara Gómez concedan contratos municipales a sus allegados; para frenar los bonos clandestinos a altos funcionarios públicos en momento de recortes en los servicios sociales; para evitar escandalosos nexos comerciales entre funcionarios electos.

De pronto, se resignaron a no buscar un cambio.

La frase más común en estos casos: ¿para qué votar, si todos son iguales?

Débase a la desesperanza o la indiferencia, una vez más los votantes exteriorizaron ayer la apatía electoral que perpetúa el laberinto político.

''Cuando hay poca participación en los comicios, la gente realmente está votando por el status quo'', explicó Darío Moreno, el director del Centro Metropolitano de la Universidad Internacional de la Florida.

No obstante, sería un error reprochar al electorado únicamente esta desdicha.

El desánimo avasallante asimismo responde a las insuficientes alternativas políticas que existen en Miami-Dade, y por lo general en este país, como parte de un sistema electoral en el que el dinero es el rey.

''En la mayoría de las elecciones de hoy [ayer] ha existido esa fórmula en la que hay un candidato titular con mucho dinero y una maquinaria política muy poderosa, contra un candidato sin oportunidades de triunfo porque no tiene dinero ni el historial ni la experiencia para ser tomado en serio'', manifestó Sergio Bendixen, un prominente encuestador.

Esto, por supuesto, no es único de Miami-Dade, pues sucede en el mundo democrático en general; pero entre nosotros particularmente ''contribuye mucho a la corrupción y a que no haya una dinámica de cambio'', enfatizó Bendixen.

Vivimos en un círculo vicioso.

La ciudadanía se queja de que no tiene buen liderazgo (¡y de todo!), pero no recurre a las urnas porque cree que su decisión no va a impactar. De esta forma, perpetúa su presente, lo cual, en última instancia, la desmotiva a salir a votar.

El ausentismo de ayer también ilustra la ignorancia que a veces impera en el sur de la Florida sobre el peso que ejercen los gobiernos municipales, dueños de la última palabra al determinar ciertos impuestos, los servicios públicos y otros aspectos de nuestra cotidianeidad en los que un sufragio estatal o nacional --que suele atraer más concurrencia-- no tiene repercusión.

Por último, ha influido que ''las campañas en las principales contiendas pasan fuera de órbita y no captan la imaginación de los votantes, aun cuando han costado mucho dinero'', observó Jeff García, un estratega político local que produce espacios de radio y televisión.

Cualesquiera que sean las causas, con la abstención electoral lo único que logramos es perder el tren del progreso.

Apatía, ¿a quién le importa?

Punto de Partida, mi libro bilingüe con historias de verdad y esperanza sobre Miami, se presentará el domingo 11 de noviembre a las 4:30 p.m. en la Feria del Libro, en el recinto Wolfson del Miami Dade College, aula 3410, edificio 3 ¡Los espero!

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