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Allanan el camino a una posible designación de Hillary

El ex presidente Bill Clinton ha aceptado todas las condiciones pedidas por el equipo de transición del presidente electo Barack Obama para eliminar conflictos de interés potenciales si Hillary Rodham Clinton fuera nombrada secretaria de Estado, dijeron el miércoles personas allegadas a los Clinton.

El señor Clinton aceptó varias restricciones a sus actividades filantrópicas y de negocios con el fin de eliminar cualquier obstáculo a la nominación de su esposa si se le ofrece formalmente el puesto en el gabinete presidencial y ella lo acepta, dijeron los informantes, que pidieron anonimato debido a que estaban revelando detalles de negociaciones confidenciales. "Haré todo lo que me pidan'', afirmó el miércoles el señor Clinton en una comparecencia pública.

Las discusiones tuvieron lugar mientras Obama continuó armando el equipo que lo acompañará a partir de enero. Obama ha decidido nominar a Thomas A. Daschle, el ex líder demócrata del Senado, como secretario de Salud y Servicios Sociales, dijeron los asesores del presidente electo. Daschle aceptó la oferta, lo que lo haría un hombre muy importante en el ambicioso plan de Obama de ampliar la cobertura médica.

Aunque la nominación de Daschle no se anunciará oficialmente por un tiempo, el equipo de transición hizo públicas varias nominaciones esperadas para la Casa Blanca. Entre ellas está la de David Axelrod, que fue el principal estratega de la campaña de Obama y ahora será asesor principal del presidente, y Gregory B. Craig, quien fuera el abogado defensor del señor Clinton en su juicio de impugnación, y ahora servirá de consejero de la Casa Blanca.

Pero Washington continuó pendiente del drama tejido alrededor del destino de la señora Clinton y la posibilidad de que Obama pueda traer a su gabinete a su mayor rival para la nominación presidencial demócrata. Los asesores de Obama dijeron que las conversaciones han sido fructíferas, pero se negaron a decir si se había llegado a algún tipo de acuerdo para evitar conflictos, como han indicado partidarios de los Clinton.

Incluso si las pautas para las actividades futuras del señor Clinton estuvieran a punto de resolverse, Obama y la señora Clinton deben decidir aún si pueden dejar a un lado los rencores de su larga y acerba batalla en las primarias. Ambos lados tienen un esquema de "lo que él necesita hacer para satisfacer las preocupaciones de una indagación y que le da a ella la oportunidad de considerar los méritos del puesto'', dijo un allegado a los Clinton.

Ambas partes están llevando a cabo una delicada contradanza, tanto en público como en privado, en torno a sus posiciones y su reputación en caso de que el acuerdo no fructifique. Los ayudas de ambas partes se han vuelto cada vez más acerbos hacia los otros en los últimos días mientras el asunto se desarrolla a ojos del público.

En su comportamiento público, los Clinton están tratando de eliminar el problema de las actividades del ex presidente, lo cual desde su punto de vista elimina a su vez cualquier excusa para que Obama no brinde el puesto a la señora Clinton. Algunos partidarios de Obama se han mostrado irritados ante lo que consideran filtraciones de información estratégicas por parte de los Clinton a fin de acorralar al presidente electo y forzarlo a ofrecerle el puesto a ella.

Esta tensión podría predecir una compleja relación cargada de sospechas y enemistad si la señora Clinton llegara a ser secretaria de Estado. Al colocarla en el Gabinete, Obama podría eliminar una espina potencial en el Senado en asuntos tales como la salud pública, y una rival en potencia para su reelección en el 2012 si su término fuera difícil. Pero también podría encarar un centro de poder rival dentro de su propio gobierno si la incluye en su equipo.

En las discusiones de los últimos días, el señor Clinton ha aceptado dar a conocer algunos donantes importantes a su fundación caritativa, así como someter las próximas actividades de su fundación y sus próximos discursos pagados a la revisión de la oficina de los asesores de la Casa Blanca y la oficina de Etica del Departamento de Estado, según demócratas familiarizados con las negociaciones.

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