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Familia revela secreto en secuestro de avión cubano

Para los Ponce de León, el mortal secuestro de un avión de Cubana de Aviación es más que un hecho histórico sin resolver. Es un secreto familiar que lleva enterrado medio siglo.

Hasta ahora.

Después de décadas de silencio, familiares de Edmundo Ponce de León dicen que no sólo era un pasajero en el vuelo Miami-La Habana que cayó de noche sobre las aguas de la Bahía de Nipe, sino que era uno de los secuestradores.

"Estaba orgulloso de eso'', dijo Solange Ponce de León, una prima que se encontró con Edmundo pocas semanas después de los hechos. "Nos dijo que él había secuestrado el avión. Me prometí que algún día, después que mi padre muriera, iba a contar lo que sé''.

Ella y otros familiares --entre ellos la hermana de Edmundo Ponce de León-- dicen que el retirado y viejo Edmundo, que vive en Miami, admitió que fue uno de los cinco hombres que secuestraron el avión, cargado en secreto con armas para los rebeldes de Fidel Castro.

Cuatro horas después, el avión cayó al agua al quedarse sin combustible, con un saldo de 14 muertos.

Edmundo Ponce de León, de 72 años, no respondió a varias solicitudes de entrevista, pero durante un encuentro con reporteros el mes pasado, dijo que era sólo un pasajero, no uno de los rebeldes armados. "Estaba en un viaje de vacaciones'', dijo. "Me iba sólo unos días''.

Las acusaciones de sus familiares son lo más reciente en un caso que casi se perdió en la historia, pero que recientemente llamó la atención de la fiscalía federal de Miami.

Los fiscales estudian las leyes federales en vigor durante la tragedia, en 1958, el primer secuestro internacional de un avión desde territorio estadounidense. "En este momentos estamos considerando todas las opciones'', dijo Alicia Valle, fiscal especial.

Aunque casi olvidado, el caso volvió a salir a la luz el mes pasado cuando The Miami Herald obtuvo documentos del Departamento de Estados que identificaban a Edmundo Ponce de León como uno de los hombres armados y de uniforme militar que secuestraron el avión el primero de noviembre de 1958.

Después que el avión se estrelló, Ponce de León logró sobrevivir y viajó a las montañas con dos de los secuestradores, según empleados de un hospital entrevistados por agentes del Departamento de Estado cuando ocurrieron los hechos.

Ponce de León pronto se unió a las fuerzas revolucionarias con grado de teniente, destacado en La Habana, según documentos de la embajada de Estados Unidos.

Treinta y cinco años después, regresó a Miami sin ningún obstáculo.

Aunque los informes del Departamento de Estado incluyen varias entrevistas con sobrevivientes del caso, los familiares que ahora cuentan sus historias pudieran ofrecer más información sobre uno de los secuestros más violentos de la época.

El caso, al que siguieron 20 secuestros más de aviones en 10 años, estuvo casi olvidado hasta que una disputa jurídica estalló este año entre Ponce de León y su hermana, que también vive en Miami-Dade.

Magaly Tuohey refirió todas las preguntas a su abogado, Stephen Loffredo, quien dijo que Tuohey acusó a su hermano de tomar ilegalmente el control de la vivienda de la madre de ambos. Como parte del caso, Tuohey sacó a relucir el pasado de su hermano.

Los dos hablaron muchas veces sobre el secuestro y su supuesta participación en los hechos, dijo Loffredo. "El habló abiertamente sobre lo ocurrido frente a ella y otros familiares'', dijo Loffredo en una entrevista anteriormente este año durante las negociaciones del caso. "Fue algo que se discutió muchas veces''.

Loffredo dijo que su cliente recordó que su hermano participaba en actividades rebeldes en Miami a finales de los años 50 y que incluso destrozó una embarcación que planeaba llevar a Cuba antes del secuestro.

Artículos periodísticos de la época apoyan esa alegación: nueve días después del secuestro del avión, el abogado del gobierno cubano declaró a The Miami Herald que Ponce de León era uno de los secuestradores que huyó a las montañas cercanas al lugar del desastre, donde estaban acampadas las tropas de Castro.

Ponce de León, en una entrevista en su casa el mes pasado, ofreció una versión diferente de los hechos: después que el avión cayó al agua, nadó hasta la orilla con dos secuestradores y entonces los acompañó a las montañas, dijo. Allí fue capturado por los rebeldes.

Tras ser puesto en libertad unos meses después, conoció a una mujer, se casó con ella y se quedó a vivir en Cuba, donde trabajaba en el Departamento del Trabajo.

Dijo que su hermana lo acusó del secuestro porque estaban disputándose la casa de su madre, caso que acabó en un acuerdo extrajudicial. "Ella está disgustada porque no consiguió todo lo que quería'', dijo.

Pero Solange Ponce de León afirma que su primo, uno de los seis sobrevivientes, no estuvo prisionero de los rebeldes sino que era miembro activo del Movimiento 26 de Julio.

Semanas después del triunfo de la revolución en enero del 1959, contó Solange, Ponce de León visitó al padre de ella, que trabajaba en un central azucarero en Santa Clara.

Agregó que Ponce de León viajaba en una caravana militar junto a otros rebeldes para celebrar la victoria sobre el presidente Fulgencio Batista.

Solange, que entonces tenía 16 años y asistía a una academia parroquial para niñas, dijo que su primo manejaba un carro robado con una bazuca en el maletero.

"Tenía barba, llevaba el uniforme de rebelde y andaba con otros tres barbudos'', afirmó. "El dijo que acababan de robarse el carro. Fue al maletero y sacó la bazuca. Me dejó manejarla. Todavía recuerdo que me enseñó a colocármela en el hombro''.

Durante la visita, dice Solange, Ponce de León habló abiertamente del secuestro, ocurrido dos meses antes. "Edmundo nos dijo que él había secuestrado el avión para traer las armas y ayudar a la revolución'', dijo Solange, de 66 años, contadora retirada que vive ahora en un suburbio de Los Angeles. "Lo dijo con orgullo''.

Solange contó que él alardeaba de haber cargado las armas en el Vickers antes de despegar.

No fue hasta que su padre, Rogelio Ponce de León, murió el año pasado a los 99 años que ella se decidió a hablar del tema. "Mi padre no quería que se hablara de eso fuera de la familia. Así eran nuestros mayores''.

Solange dijo que su padre recibió una llamada de su hermano, el padre de Edmundo Ponce de León, después del secuestro, diciendo que agentes federales estaban tratando de convencerlo para que pidiera a su hijo que regresara a Estados Unidos. "Los federales sabían que Edmundo estaba en Cuba'', recordó Solange. "Estaban tratando de decir que no serían demasiado duros con él, pero no se resolvió nada''.

El FBI comenzó una investigación a pedido del Departamento de Estado inmediatamente después de los hechos, pero los archivos del Departamento muestran que los fiscales federales de Miami suspendieron la investigación tres meses después tras declarar que Ponce de León y otros estaban en Cuba, fuera de la jurisdicción estadounidense.

Aunque el caso nunca se cerró oficialmente, la fiscalía federal se niega ahora a comentar si continuará la investigación.

Y aunque el caso se vuelva a abrir, los fiscales se enfrentarían a numerosos obstáculos para llevar a los tribunales a los sospechosos del secuestro, según expertos, que señalan un asunto clave: la prescripción.

Aunque el vuelo acabó en muertes, lo cual podría llevar a cargos de homicidio, el objetivo de los sospechosos fue secuestrar el avión, no matar a nadie, opinó Don Cochrane, que ha litigado con éxito varios casos de derechos civiles no sujetos a prescripción.

"Hay que examinar las leyes que estaban en vigor en 1958'', dijo Cochrane, "y no estoy seguro de que hubiera leyes sobre el secuestro de aviones''.

De hecho, la primera ley federal contra la piratería aérea se aprobó en 1961, según los archivos, tres años después.

Un ex fiscal de la Florida dijo que el estado podría llevar el caso a los tribunales con mayor éxito que la fiscalía federal. "En esa época había muchos delitos capitales en los libros, incluyendo el secuestro de aviones'', dijo Bob Dekle, profesor de Derecho de la Universidad de la Florida y ex fiscal del Condado Columbiana.

Aunque hay muchos interrogantes jurídicos, un sobreviviente de la catástrofe, Osiris Martínez, dijo que él sólo quiere asegurar que la tragedia no se olvide. "La gente tiene que saber lo que pasó'', dijo Martínez, que ahora tiene 81 años, y cuya esposa y tres hijos pequeños murieron al caer el avión. "Yo quiero que todo el mundo lo sepa''.

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