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Cuba retiene a hijos de médicos desertores

En su habitación en la Isla de la Juventud, Cuba, Daviana González, de 7 años, reza por reunirse con su madre después de más de cinco años de separación, dicen familiares. En Camagüey, otra niña separada de sus padres, Marta Daniela Batista, sufre de problemas mentales.

Las niñas son hijas de médicos cubanos que viven en Miami después de desertar de sus misiones en varios países como parte de la campaña del gobierno de La Habana para exportar su ideología y ganar muy necesarias divisas.

Pero el precio de la deserción fue mayor de lo que pensaron las familias: el gobierno cubano niega a los pequeños autorización para salir del país a pesar de que tienen visas estadounidenses.

"Marta no tiene la culpa de lo que sus padres hicieron, pero la castigan'', dijo su madre, Melvis Mesa, de 42 años. "Es una niña y tiene derecho a estar con sus padres. Lo que el gobierno cubano está haciendo es un abuso terrible''.

Mesa y la madre de Daviana --Yaisis González-- están entre más de una docena de profesionales cubanos de la salud que trabajan con la Fundación Nacional Cubanoamericana (FNCA) en una campaña para recuperar a sus hijos. Representantes de la Fundación planean denunciar al gobierno cubano ante organizaciones internacionales, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y las Naciones Unidas.

Para hoy por la mañana se planea una conferencia con el fin de exhortar a otros profesionales cubanos de la salud en la misma situación a que se unan a su causa.

El gobierno cubano "tiene de rehenes a esos niños'' para castigar a los que abandonaron las misiones médicas, afirmó Omar López, director de Derechos Humanos de la Fundación.

Muchos médicos cubanos que han desertado a lo largo de los años y que batallan por reunirse con sus hijos no han levantado la voz hasta ahora por temor a poner en peligro la autorización de salida de los menores.

"Lo normal es que se queden callados. Pero después de un tiempo, cuando se dan cuenta de que con esa actitud no llegan a ninguna parte, se percatan de que si hacen mucho ruido pueden conseguir algo'', dijo López.

"Con el gobierno cubano, contrario a lo que cree mucha gente, mientras más se habla más probabilidades hay de conseguir resultados''.

González, de 34 años, es enfermera y llegó a Miami en enero del 2007 después de tres años en Qatar. González comparó la separación de su hija Daviana con el caso de Elián González en 1999 y el 2000.

"Es un derecho humano que los padres puedan estr con sus hijos'', dijo. "Mi hija es mía''.

Un informe de Human Rights Watch del 2005 indicó que el gobierno cubano niega regularmente la visa de salida a los profesionales de la salud y a los hijos de los desertores y familiares de cubanos que viven legalmente en el exterior. Cuba usa la visa de salida como herramienta de venganza contra los desleales y como instrumento de fuerza para forzar el regreso de los cubanos que viven en el exterior temporalmente con permiso del gobierno, indicó el informe.

El documento criticó fuertemente a La Habana y Washington por infringir el "derecho de movimiento'' de las personas.

Los expertos en el tema afirman que llevar el tema a una corte internacional es una opción jurídica válida, aunque con pocas expectativas, pero vale la pena aunque sea por la publicidad internacional, que a veces tiene efecto.

"Presentarse a un tribunal internacional tiene un gran valor simbólico por la fuerza moral que tales demandas pueden crear'', dijo el ex fiscal federal Kendall Coffey, quien formó parte del equipo que representó a la familia miamense en el caso de Elián.

"Y la fuerza moral combinada con un apoyo de consenso en las Américas pudiera resultar significativo, pero a final de cuentas sería un veredicto que el juez no puede hacer que se cumpla'', dijo Coffey. "La pregunta clave es: ¿qué tribunal puede hacer cumplir una orden contra el gobierno de Castro si éste se niega a cumplirla?"

José Cohen, ex agente cubano de inteligencia que en 1994 comenzó una batalla para sacar a sus tres hijos de la isla, dijo que se presentó en Ginebra, ante legisladores federales que se oponen al embargo y a cualquier lugar donde pensara que podría conseguir ayuda, sin éxito alguno.

"Nunca llevé el caso a un tribunal internacional porque no tenía el dinero y porque Cuba no respeta las leyes internacionales'', dijo Cohen, que ahora vive en Miami Beach. "Pero al menos es una denuncia pública. Deben hacerlo. Deben batallar de cualquier forma que puedan''.

El hijo menor de Cohen todavía vive en Cuba; sus hijas, de 20 y 24 años, salieron de la isla en una lancha rápida con destino a México este año y ahora viven en Miami.

González dijo que ha aprendido a ser madre por teléfono. Su hija vive con la abuela en la Isla de la Juventud.

"Ya piensa que es una mujer'', dijo González, agregando que Daviana con frecuencia le pide zapatos y ropa de moda.

En sus conversaciones diarias, Daviana hace sumas --‘‘dos más dos es igual a cuatro''-- y le lee fragmentos de sus libros de texto para mostrar a su mamá que le va bien en la escuela.

"Lo hace para mostrarme que se merece los regalos que pide'', dijo González. "Le doy cualquier cosa que pida porque es lo único que puedo hacer por ella''.

Mesa, de 42 años, a veces llora cuando habla de su hija en Camagüey.

Mesa y su esposo, los dos especialistas en terapia física, desertaron de una misión médica en Venezuela en marzo pasado y vinieron a Estados Unidos a través de Colombia poco tiempo después.

Los médicos cubanos dicen que su hija Marta sufre problemas mentales debido a la separación de los padres. Sensible e inteligente --Marta está en los primeros lugares de su clase en la escuela primaria-- llora constantemente.

"Algunas veces es difícil hasta hablar por teléfono porque me pregunta constantemente: ‘Mama, ¿cuándo vamos a estar juntas?' '', dijo. "Me rompe el corazón''.

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