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La propiedad es la nueva pesadilla del divorcio

Durante el auge inmobiliario las parejas que se divorciaban forcejeaban por conservar la vivienda, con la certeza de que el ganador haría una fortuna gracias a la rápida escalada de los precios. Los cónyuges pagaban miles para comprar la parte del otro. Salir de la "propiedad marital'' era fácil ya que las viviendas se vendían como pan caliente.

Pero para las parejas que se divorcian en medio de la crisis las casas se han convertido en una papa caliente.

En una irónica inversión de la clásica disputa de divorcio, en lugar de pelear por quedarse con la casa, las parejas se pelean para ver quién se la endilga al otro.

"Es una cosa así como: ‘¡Tú te quedas con la casa!' ‘No, tú te quedas con la casa'. ‘Yo no la quiero, quédate tú con ella' '', dijo Drew Sheridan, veterano abogado de divorcio en Kendall.

El desplome de los precios de la propiedad han puesto cabeza abajo a muchos propietarios: deben más de lo que valen sus viviendas. El valor acumulado negativo hace prácticamente imposible el refinanciamiento o la venta --si es que pueden vender-- para miles de propietarios en el sur de la Florida sin perder dinero.

Las consecuencias son serias para las parejas que se divorcian. En algunos casos las parejas abandonan su propiedad a la ejecución hipotecaria porque ninguno de los dos puede pagar. O, de lo contrario, siguen viviendo juntos, lo que obstaculiza la recuperación del divorcio.

"Se ha vuelto una epidemia. Tenemos un problema muy serio'', opinó Elinor Robin, mediadora familiar y de divorcio en Boca Raton.

En los peores casos, las dificultades de verse obligados a vivir juntos bajo fuertes presiones financieras pueden llevar a violencia doméstica, dicen los asesores matrimoniales.

Cerca de una docena de abogados del sur de la Florida dijeron que han tenido uno o más casos en los que sus clientes se pelearon por abandonar su propiedad al otro.

‘‘En lugar de una propiedad valiosa por cuya ocupación y posesión se peleaban antes, ahora se pelean por abandonarla'', dijo William Koreman, abogado de divorcio de Hollywood. "Ninguno de los dos quiere la propiedad porque estarían aceptando una carga enorme''.

Cuando se necesitan los ingresos de ambos esposos para cubrir los gastos, la hipoteca se puede usar como un arma a fuerza de despecho, dijo Adam Franzen, abogado de Fort Lauderdale. En la versión fiscal de un asesinato con suicidio, uno de los cónyuges destruye su propio crédito para acabar con el de su ex pareja.

Ese no fue el caso de Jean Kouch, vecina de Pembroke Pines.

Tras divorciarse en mayo, Kouch aceptó seguir pagando la hipoteca de una segunda propiedad que ella y su ex esposo compraron años atrás.

Kouch se mudó a la casa con su hijo de 10 años. Aunque estaba trabajando, dijo, se las veía negras para pagar la hipoteca. Cuando le despidieron en agosto de su empleo en el Condado Miami-Dade, se le hizo imposible. La casa cayó en ejecución hipotecaria el mes siguiente y el nombre de su ex esposo está en la hipoteca.

Su relación, que había terminado amigablemente después de 17 años, se ha vuelto

radioactiva, afirmó.

"Ahora él está furioso y yo sé que esto es parte del problema'', dijo Kouch, describiendo llamadas telefónicas llenas de palabrotas. Es difícil sentirse culpable, dijo ella, especialmente cuando ella le había aconsejado no comprar una segunda casa.

Un juez falló a favor de Danielle, quien pidió que no se usara su apellido para no poner en peligro un acuerdo con su ex esposo. El juez decidió que la hipoteca seguiría a nombre de la pareja y que ambos compartirían los pagos mensuales. El plan era vender la casa cuando el mercado se recupere y repartirse la ganancia.

Aunque Danielle se quedó viviendo en la casa de Plantation con la hija de ambos, de 4 años, el fallo permitió a su ex esposo usar la propiedad, aunque se había mudado a otra parte.

"No podíamos vender la casa'', dijo Danielle, de 33 años. "El no me dejaba vivir mi vida. Entraba y salía sin avisarme''.

Danielle contó que después de un tiempo las cosas se pusieron tensas.

‘Yo no tenía libertad alguna'', dijo Danielle. La semana pasada, siguiendo el consejo de su abogado, Danielle decidió cederle a la propiedad y marcharse. El se encargará del pago de la hipoteca.

Sin embargo, jurídica

mente los dos responsables de la deuda. Ella duda que él pueda pagar los $2,000 mensuales de hipoteca, pero dijo que ciertas cosas valen más que el dinero.

"La paz mental es más importante que un pedazo de tierra. Si se va a ejecución hipotecaria. . . hay que seguir viviendo. No creo que a nadie le importe ya su crédito, todos tienen el crédito afectado''.

Scott Ferris, abogado de divorcio cuya oficina está cerca de Pinecrest, dijo que historias como la de Danielle son comunes entre sus clientes.

"Cuando la gente se quiere divorciar desean que sea de verdad. No les importa el dinero'', dijo Ferris. ‘‘Prefieren sufrir las consecuencias financieras a taparse la nariz

y seguir casados. Yo diría que una de cada 10 parejas puede permanecer unida tiempo suficiente para sobrevivir la crisis del mercado inmobiliario''.

Ghenete Wright Muir, abogado familiar de Sunrise, dijo que a los prestamistas no les interesan los problemas maritales de sus clientes.

"Es un beneficio para el prestamista tener a más personas obligadas a pagar el préstamo. No permiten sacar a nadie del contrato'', dijo Wright Muir.

Normalmente, uno de los cónyuges le paga al otro su parte de la deuda y refinancia para quedarse con una hipoteca sólo a su nombre, dijo Wright Muir, quien añadió que, al menos entre sus clientes, son más los hombres que se quedaban con la casa y luchaban para sobrevivir.

Sin embargo, con frecuencia las parejas divorciadas como Kellie y Ken Kuecha tratan de aguantar hasta que el mercado se recupere. La pareja se separó hace dos años y siguen compartiendo la casa que compraron en Boca Raton en el 2001. Kellie Kuecha dijo que ambos tienen dormitorios separados y están saliendo con otras personas.

El arreglo ha funcionado porque sus hijos son pequeños y la pareja se ha dedicado a tratar de crecer personalmente, lo que los ha ayudado a vivir juntos como buenos amigos, dijo Kuecha, cuya compañía ofrece asesoramiento de desarrollo personal a mujeres.

"Nosotros compramos nuestra casa como una inversión. Y esa sigue siendo nuestra intención. Si vendiéramos ahora sería como vender

acciones a bajo precio'', dijo Kuecha, añadiendo que tras varias renovaciones les queda muy poco valor acumulado.

"Todo nuestro capital está en esta casa'', dijo Ken Kuecha. "De modo que no podemos deshacernos de ella ahora''.

Los Kuecha podrían ser la excepción de la regla. Robin dijo que las parejas encadenadas a una propiedad enfrentan una dura batalla para reconstruir su vida.

"Cuando se ven obligadas a compartir una casa, todo queda para después. Están viviendo en el limbo. No tienen una verdadera libertad para salir con otras personas'', afirmó Robin, la mediadora de Boca Raton.

Varios abogados dieron que era difícil discernir una tendencia en la manera en que los jueces manejan la separación de la deuda hipotecaria y asuntos de propiedad, porque el problema es nuevo y la inmensa mayoría de los divorcios se acuerdan sin necesidad de ir al juzgado.

Koreman, por ejemplo, dijo que ninguno de sus casos en los que hay disputas sobre una propiedad ha llegado a juicio hasta el momento. Después de una mediación o arbitraje, podría pasar un año hasta que la pareja se presente ante un juez.

"Los que tienen problemas para pagar una hipoteca nunca llevarían ese tipo de caso ante un juez porque sería botar el poco dinero que les queda'', dijo Koreman. "Llegado ese punto, ya no queda una casa por la que pelear''.

La redactora Lilly Echeverría, de The Miami Herald, contribuyó a este reportaje.

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