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Obama gana la Florida a base de pulso

En una antigua fábrica de habanos en pleno corazón de Ybor City, convertida en el cuartel general de campaña, un grupo del equipo de Barack Obama trabaja en sus computadoras con una concentración intensa y casi silenciosa. Esta es la columna vertebral de la campaña presidencial de Obama en la Florida y faltan cuatro días para las elecciones.

Steve Schale, de 34 años, director de la campaña de Obama en la Florida y la eminencia gris de la campaña, contempla las filas de abogados, investigadores, expertos en comunicaciones y otros en un último esfuerzo por conseguir votos.

"Ahora mi trabajo es quitarme del camino'', dice.

Schale escribió en un pedazo de papel un pronóstico: Obama triunfa en la Florida por 50 a 46 por ciento. Pero en el cuaderno que lleva esconde su temor más grande: que el senador por Illinois pierda la Florida y la Casa Blanca.

En los cuatro meses anteriores la campaña inscribió 200,000 electores en la Florida, abrió 50 oficinas, reclutó a 600,000 voluntarios y empleó $40 millones para enfrentarse a John McCain. Bajo la dirección de Schale, creó una organización de base con un alcance tan amplio que hasta los propios estrategas republicanos dicen que cambiará la forma de hacer política en este estado.

"Han hecho todo bien'', dijo Sally Bradshaw, ex jefa de campaña del gobernador republicano Jeb Bush, que ahora es asesora política.

The Miami Herald tuvo acceso exclusivo a la campaña de Obama en la Florida durante los cuatro últimos días a condición de que no diera a conocer la información hasta después de las elecciones. La campaña de McCain se negó a un acceso similar.

Para Schale, los días que quedaban de la campaña se resumen en la frase siguiente: ‘‘Hemos tratado de anticipar cualquier cosa y no damos nada por seguro''.

La estrategia de Obama en la Florida era concienzuda y sencilla: pedirle a cada partidario que ayudara, darle a cada voluntario una meta, inscribir a cualquier ciudadano elegible, hacer que los electores fueran a las urnas y llegar a cada rincón del estado.

La campaña dividió el estado en cinco regiones, cada una con su equipo y un mensaje dirigido a las preocupaciones regionales. También aprovechó las redes sociales en internet y los teléfonos

móviles para que los organizadores de base organizaran campañas de inscripción, implementaran bancos telefónicos y cadenas de mensajes de texto.

"Si esto funciona, es difícil pensar que no sea el modelo del futuro'', dijo Schale el sábado antes de las elecciones. "Comenzamos con la premisa de que con los voluntarios que teníamos no había razón para no organizarnos en cualquier parte del estado''.

La opinión que tiene Schale de la Florida es el resultado de dos años de trabajo como director político de los demócratas en la Cámara, cuando ayudó a revertir la declinación del Partido Demócrata al arrebatar nueve escaños legislativos a

los republicanos.

Ahora Schale, que creció en San Agustín, quiere exorcizar los demonios de la problemática historia de las elecciones en la Florida: la debacle de recuentos de votos que en el 2000 llevó a George Bush a la Casa Blanca.

Schale persuadió a los miembros de la campaña en Chicago de que la Florida podía ser competitiva. Muchos electores en los condados Miami-Dade, Pinellas y Sarasota ahora son demócratas, que además habían logrado triunfos en los condados Hernando, Marion, Citrus, Lee y Pasco. Otro dato importante: en el 2004, 1.6 millón de demócratas no votaron, entre ellos 600,000 negros.

Sin embargo, Schale advir

tió a la campaña nacional que conseguir estos votos no sería nada fácil. La Florida es ‘‘un estado grande, loco y muy caro''.

Son las 9:52 p.m. del primero de noviembre y el equipo de la Florida está en una conferencia telefónica nacional con 22,000 activistas. Obama llama desde Springfield, Missouri.

"Sólo llamo para decirles lo orgulloso que estoy de ustedes'', dice Obama. "Hace cuatro meses estábamos detrás en todos los estados clave. Ahora sabemos que podemos inscribir electores. Nuestro principal reto es llevarlos a votar''.

Los exhorta a duplicar sus esfuerzos. "Podemos descansar después'', dice Obama.

El equipo se ha acostum

brado a un elogio y luego a un llamado a hacer más, dice Angela Botticella, directora de operaciones en el terreno en la Florida.

"No nos detenemos cuando le pedimos que voten. Les pedimos que hablen con sus vecinos, que los llamen por teléfono o que les toquen a la puerta'', dice Botticella, una activista de 25 años y de California.

En la Florida eso significa 1,414 equipos "Vecino a Vecino'' con 22,000 voluntarios ayudando.

Salir a votar es tan importante que Paul Tewes y Steve Hildebrand, dos de los estrategas nacionales de Obama, fueron despachados a la Florida en las semanas finales para ayudar.

Tewes, junto con el resto del cerebro del equipo de la Florida, se pregunta en alta voz: Una vez que termine la votación adelantada, ¿podrá la campaña identificar y contactar a los electores que no pudieron cumplir el plazo del voto por correo?

Y ordena 67 operaciones informáticas --una por cada condado-- para averiguarlo.

Tewes y los otros estrategas de Obama no necesitaban los 27 votos de Colegio Electoral de la Florida para alcanzar el umbral de los 270 votos para ganar las elecciones, pero realmente los querían.

Poner a la Florida en juego obligó a McCain a competir en un estado costoso que esperaba ganar. Y esa estrategia significó un seguro para la campaña de Obama.

Ningún otro estado consiguió tanta atención de la campaña nacional como la Florida, dijo Tewes. "Tuvimos una presencia constante''.

La prominente presencia de Obama en la Florida también ofrece un estímulo sicológico: dinamiza a la base, muestra que los demócratas batallan en un estado que Al Gore perdió estrechamente en el 2000 y hace de la Florida un elemento clave en el escenario nacional.

"Una de las razones por las que estamos aquí es que nunca renunciamos a la Florida mientras que los otros la dieron por descontada'', dice David Axelrod, principal estratega de Obama en los últimos días de la campaña.

Importantes activistas de la Florida, con computadoras portátiles y Blackberries listos, sostuvieron una conferencia telefónica 30 minutos antes de la llamada de Obama. El tema: la votación adelantada.

Botticella pasa al próximo reto: contactar a la gente que necesita que los lleven a los centros de votación el domingo, otro esfuerzo bien orquestado.

Schale estuvo en el equipo que se quedó hasta tarde en la noche. A las 2:06 a.m del sábado les envió un mensaje electrónico a los 600 activistas pagados de la Florida.

"Nos encargamos de un estado en que Barack estaba 10 puntos atrás en junio y 6 o 7 en septiembre y lo convertimos en el principal campo de batalla por la Casa Blanca''.

Sólo seis semanas antes, el camino a la victoria parecía problemático en el mejor de los casos. Obama había estado haciendo campaña desde hacía meses en la Florida y todavía estaba por debajo en las encuestas. McCain estaba en ascenso con Sarah Palin como su recién anunciada compañera de boleta.

Obama vino a Tampa para prepararse para el debate y tuvo un mitin en un estado de béisbol en Dunedin. Schale estaba preocupada de que los electores no fueran a llenarlo, pero dos horas antes del evento ya había 12,000 personas en la instalación y 12,000 esperando para entrar.

En lunes en Jacksonville, menos de 24 horas antes de la apertura de los colegios electorales, Obama ha terminado su reunión final de campaña en la Florida.

En un salón trasero, Schale y Obama se inclinan sobre el Blackberry del director de la campaña, que muestra que 39 por ciento de los electores de la Florida ya han votado. La presencia negra es particularmente alentadora.

A las 11 p.m. del día de las elecciones Schale atraviesa la multitud en el Waterside Marriott de Tampa. Obama ha ganado Pensilvania y Virginia. Y la Florida. "Hemos cambiado a Estados Unidos. Hemos cambiado la Florida'', exclama Schale.

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