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Pareja de medios limitados logra acumular valiosa colección de arte

Las obras de arte cubren todo el espacio en el atestado apartamento de un dormitorio de Herb y Dorothy Vogel en el Upper East Side de Manhattan. Las obras minimalistas y conceptuales cubren cada pulgada de las paredes, y cuelgan del techo. Como no hay espacio, una pintura de Richard Tuttle cuelga en la parte interior de una puerta de celosía que da a la pequeña cocina. Otras obras colman las repisas y las mesas.

Y los Vogel, que donarán a 50 instituciones del país 50 obras de arte respectivamente, dicen tener bastantes más cosas debajo de la cama y en los clósets del modesto espacio de alquiler mensual estabilizado donde viven desde 1963.

"No sé por qué lo hemos hecho. Es divertido'', dice Dorothy, de 73 años, que es la que más habla, refiriéndose a su compulsión de toda una vida de adquirir obras de arte.

Ellos mismos son una especie de obra de arte: Dorothy era bibliotecaria y Herb empleado de correos, ambos de baja estatura (ella mide unos cinco pies. El menos aún). Habrán ganado poco, y posiblemente las obras que han ido comprando han sido pequeñas para que cupieran en su pequeña vivienda.

Pero dejan un tremendo legado.

"Personifican la verdadera aventura de coleccionar'', dice Mera Rubell, una coleccionista de arte contemporáneo de Miami.

"Empezaron temprano, con obras sumamente conceptuales, y todo lo que coleccionaban tenía que ver con ideas nuevas e interesantes. Tenían una gran misión, grandes corazones, y una gran imaginación. Y ahora el nombre Vogel siempre estará conectado con el arte contemporáneo en Estados Unidos. Eso es bastante''.

Los Vogel que amasaron una fortuna en arte contemporáneo, pero entretanto nunca soñaron con vender nada; donaron 832 obras importantes a la Galería Nacional de Arte de Washington, D.C., a principios de los años 90, con una promesa de 268 más.

En abril, la Galería Nacional anunció que otras 2,500 piezas se distribuirán por el resto del país mediante la Colección Dorothy y Herbert Vogel: Cincuenta obras para cincuenta estados. Las piezas del Museo de Arte de Miami (MAM), de Richard Tuttle, Will Barnet, Joel Fisher, Donald Sultan y otros, se exhibirán en la primavera próxima. El 5 de diciembre, el documental Herb and Dorothy se exhibirá en la llamada Art Loves Film Night del Art Basel de Miami Beach.

"Son legendarios'', dice Terry Riley, director del Museo de Arte de Miami. ‘‘Recientemente estuve en su apartamento, y me complació ver que las obras que nos están ofreciendo son un microcosmos de su colección y del modo en que coleccionan. Se centraron en obras modestas --muchas de ellas en papel-- pero trabajos de mucha integridad. Y lo que aumenta esa integridad es coleccionar asiduamente a los mismos artistas. Los tienen a profundidad. Ellos llegaron en realidad a entender sus obras''.

El sueldo de Dorothy era para pagar las cuentas, y con el de Herb adquirían obras de arte.

"Mucha gente vive de un solo sueldo'', dice Dorothy. "No tienen a nadie. Pero si se tiene dos salarios, se puede hacer algo''.

Herb, de 86 años, está sentado en silencio acariciando al lanudo gato himalayo Archie, que está acostado en medio de la repleta mesita del comedor, cerca de la puerta de entrada.

Para llegar a la mesa hay que escurrirse entre muchos objetos. No son sólo las obras arte lo que abruma (obras de Pat Steir, Merrill Wagner, Sol LeWitt, Julian Schnabel); algunas de ellas están cubiertas por paños de secar platos y manteles para protegerlas de la luz. También hay pilas y pilas de cajas de cartón llenas de recortes de prensa, invi

taciones a aperturas de galerías, catálogos y otros documentos de una colección que se había hecho tan voluminosa a principios de los años 90 que la Galería Nacional tuvo que mandar cinco camiones de mudanzas para llevársela. No había espacio alguno ya en el lugar.

"Muchas de las obras nunca las volvimos a ver, pero sabíamos que estaban ahí'', dice Dorothy. "Unas 2,000 se llevaron a la Galería Nacional: Algunas donaciones, y otras que ellos nos cuidan''.

"Cuando ya lo habían sacado todo, pintamos el lugar. Fue bueno tener las paredes vacías por un tiempo; fue refrescante. Pero después empezamos a acumular otra vez'', dice Dorothy, sin arrepentirse.

Ahora retirados, los Vogel viven con la misma estrategia de siempre: La pensión de ella es para mantenerse. La de él es para obras de arte, al menos en parte. "Pero hace algún tiempo que no compramos nada'', dice Dorothy.

La Galería Nacional les pagó una cifra que no se ha revelado (‘‘no es tanto'', dice Dorothy) por las obras que ahora son parte de la colección del museo. Pero los funcionarios del museo dicen que la cifra es pequeña comparada con el valor de la donación.

"Nos hemos quedado con algunas obras en caso de que uno de nosotros llegue a necesitar cuidado a largo plazo en un asilo'', dice Dorothy. "No somos estúpidos. Nos damos cuenta de que podríamos necesitar algo en algún momento. No voy a renunciar a que mi esposo reciba atención adecuada''.

¿No habrían disfrutado de gastar en alguna otra cosa? ¿Un apartamento mejor, tal vez? ‘‘Este no es un mal lugar'', dice Herb. "Creemos que vivimos muy bien'', dice Dorothy.

"Dentro del mundo del arte son celebridades'', dice Marc Spiegler, codirector de Art Basel. "Coleccionaban conlos ojos, no con los oídos. Caminaban mucho, yendo a veces a barrios extraños. Hicieron amistad con muchos artistas que empezaban, y siguieron sus carreras durante décadas. Son como un cuento de hadas del mundo artístico''.

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