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Nada está seguro para esta familia

KERMAN -- Fue la noticia que ningún padre quisiera escuchar.

Hilaria Mendoza, de 32 años de edad, dio a luz a una hermosa niña de nombre Karina hace dos años.

Al principio, todo parecía bien. No hubo complicaciones con su embarazo y estaba muy emocionada de traer un bebé a este mundo.

Pero poco después de su nacimiento Mendoza notó una condición extraña en la piel de su pequeña hija que no desaparecía e inmediato la llevó con el pediatra.

Cuando el médico salió a la sala de espera donde Mendoza estaba sentada esperando noticias, ella sintió una sensación recorrer todo su cuerpo. Algo no estaba bien.

Tenía razón. Su niña fue diagnosticada con leucemia -- un cáncer de la sangre. Karina sólamente tenía un mes y medio de nacida.

"Fue el día más horrible de mi vida. No sé cuánto tiempo lloré, pero fue por mucho tiempo," dijo Mendoza.

La mujer indocumentada ha estado viviendo en los Estados Unidos desde que tenía 12 años de edad. Ella vino a este país con sus padres Isidro Mendoza y Paula Hernández y con sus hermanos menores -- Cecilia, ahora de 29 años de edad y Salomón de 24. Ellos abandonaron su natal Oaxaca, México por las mismas razones que muchos lo hacen: por la pobreza y la falta de trabajo.

Mendoza recuerda vagamente la forma en que cruzaron la frontera.

"Mis padres nos sacaron de debajo de un cerco y corrimos detrás de ellos. Yo tenía rasguños por los brazos y las manos. No recuerdo el dolor porque estaba emocionada de ir a un país que mi padre había dicho que era muy hermoso," recordó Mendoza.

Detrás de ella iba Hilaria con su hermano Salomón en brazos, corriendo a través del desierto, con la esperanza de cruzar sin que nadie los viera.

Hoy, 25 años después, se han convertido en una familia trabajadora y muy unida.

Todos trabajan en la agricultura y los niños han asistido a las escuelas de la pequeña ciudad de Kerman. La mayoría de los miembros de la familia hablan inglés y español, pero los padres sólo hablan y entienden el mixteco bajo.

Hilaria y Cecilia estuvieron saltando de escuela a escuela, siguiendo a sus padres por todos los estados del oeste y Texas para ayudarles con las cosechas de la temporada. Por ello, las dos hermanas mayores no terminaron su educación y Salomón abandonó la escuela en la secundaria.

"Yo no lo hice por las razones que otros estudiantes abandonan la escuela. Lo hice porque mi familia necesitaba la ayuda financiera. Esa es la única razón por lo que lo hice," dijo Salomón.

El trabajo duro no ha sido un problema para la familia. Todos ellos trabajan en una fábrica de ajo en Bakersfield y aunque todos son indocumentados, poseen permisos para trabajar legalmente en los Estados Unidos. De hecho, Isidro es supervisor en la fábrica.

Sus horarios son largos y cansados, de acuerdo a Cecilia.

"Nos levantamos todos los días alrededor de la 1 de la mañana para llegar a Bakersfield. Para las 2 de la mañana, ya estamos trabajando. No paramos hasta las 2 de la tarde. Cuando trabajamos aún más tarde, nos dormimos en el coche. A veces nos quedamos en una habitación de hotel cuando estamos muy cansados o regresamos a Kerman para prepararnos para el siguiente día. Tenemos los domingos libres, pero para nosotros, no es un día de descanso porque pasamos todo el día en preparación para la proxima semana -- cocinando y lavando ropa," dijo ella.

Es un proceso que se repíte semana tras semana. Nadie se queja.

Todos saben lo que hay que hacer para poder comprar las cosas que necesitan con el fin de poder salir adelante. Tampoco le piden ayuda al gobierno. En casa, Cecilia pone un vídeo que su padre tomó mientras su familia estaba trabajando codo a codo, recogiendo ajo. Ella habla sobre lo difícil que es el trabajo y cómo todos ellos son expertos trabajando en el campo porque todos pueden recoger el ajo más rápido que los demas.

"No es tan fácil como parece," dijo Cecilia. "Nosotros somos los más rápidos de todas las familias. No hay otro grupo de personas que no sean oaxaqueños como nosotros que estén haciendo este tipo de trabajo," dijo.

Un sentimiento de orgullo se refleja en su rostro.

Si se trata del trabajo o de las tareas del hogar, una cosa es cierta, la familia está muy unida.

Entre ellos se rotan las obligaciones familiares, especialmente desde que se enteraron del cáncer de Karina. Cuando Hilaria no puede llevarla al médico para sus sesiones diarias de quimioterapia, uno de ellos se encarga de llevarla. Todos en la familia tienen una función que cumplir y todos tienen responsabilidades. Pero para todos, Karina es la prioridad número uno en la familia.

Aviso de deportación

Hace unos años, la familia trató de obtener la residencia legal pero cayeron víctimas de la estafa.

"Fuimos a un notario público para que pudiera llenar nuestros documentos y luego nos refirió a una abogada quien nos garantizaba la residencia legal. Pero, la forma en que la abogada lo intentó fue a través de un reclamo que nosotros estábamos buscando asilo político. En el tribunal, negaron nuestra solicitud," explicó Cecilia.

Lo que no hizo la familia fue renunciar a su esperanza de convertirse en ciudadanos. Cuando todos se enteraron del cáncer de la pequeña Karina, contrataron a otro abogado en su intento por obtener su residencia legal. Entre sus esfuerzos pudieron obtener cartas de apoyo de los empresarios donde la familia trabajaba y de amigos cercanos de la familia donde viven y otros para consideración especial ante un juez, pero el juez se los negó. La semana pasada, la familia recibió malas noticias: un aviso de deportación.

"Realmente pensé que teníamos una oportunidad de quedarnos en este país. Hemos estado trabajando duro toda la vida desde que llegamos. No sabemos lo que va a ser ahora de mí, de nosotros," dijo Cecilia.

La primera semana de agosto tuvieron el susto más grande de sus vidas. En camino a Bakersfield, decidieron pasar por la oficina de ICE para presentarse -- algo que habitualmente hacen las familias que solamente tienen permiso para trabajar legalmente en los Estados Unidos. Duarante esta visita, los funcionarios de ICE querían deportar a la familia a pesar de sus súplicas: la enfermedad de Karina; hijos de ellos que han nacido en los Estados Unidos y que dependen de ellos para ir a la escuela, para comer; y, su hogar en Kerman. Si fueran deportados, todos los 7 niños menores de edad en el hogar se quedarían sin ninguno de los adultos en la familia.

"Los oficiales de ICE nos dieron bolsas de papel para escribir nuestros nombres con un marcador negro. Yo no entendía lo que estaba pasando, pero cuando dijo que teníamos que poner nuestras cosas allí y cuando me dijeron que teníamos que estar listos para volver a nuestro país, todo lo que pude hacer fue llorar. Yo no quería volver a un país que no conozco. Mi vida pasó ante mis ojos y me moría de miedo. Todo lo que pude hacer fue llorar y llorar. Tenía tanto miedo," dijo Cecilia.

Salomón agregóque él sintió que los funcionarios de ICE estaban determinados a deportar a la familia a pesar de sus circunstancias.

"Creo que si yo no hubiera estado allí, los de ICE hubieran utilizado las huellas de mis padres como firma para la orden de deportación porque no entendían lo que estaba pasando. Ellos no hablan inglés. No tenían idea de lo que estaba pasando. Sabían que no estaba pasando nada bueno porque todos nosotros estabamos llorando," dijo Salomón. "Lo único que sé es que no quiero volver a sentir esa sensación nunca más."

Salomón finalmente se contactó con el abogado de la familia y éste ayudó a poner un alto temporal a la deportación. Pero hace apenas dos semanas, la familia estuvo a punto de perder la esperanza nuevamente.

Al mismo tiempo que el presidente estadounidense Barack Obama estaba anunciando su iniciativa para comunidades seguras -- con el cual más de 300,000 casos de deportación serán considerados uno por uno -- un juez de inmigración rechazó la petición de la familia para poder quedarse en los EE.UU. y nuevamente están enfrentando una orden de deportación.

Mande correo electrónico a: cmoreno@vidaenelvalle.com

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