Madres solteras no se detienen ante los retos

FRESNO -- Claudia Valenzuela tiene dos hijos y desde que tenía 7 meses de embarazo del segundo se convirtió en madre soltera cuando vivía en Culiacán, Sinaloa.

Su hija mayor ahora tiene 7 años, pero al cumplir los 5, su madre decidió emigrar a los Estados Unidos para alejarse de su marido y las constantes amenazas que él le causaba.

Durante un descanso en su trabajo de día como vendedora en una mueblería de Madera, esta sinaloense recuerda que no se casó con la mentalidad de divorciarse, pero no sucedió así, y ahora, dice "los tiempos han cambiado y para bien, las mujeres ya no aguantan tanto y no tenemos por qué callarnos, ya basta."

Pero en todo caso dice, no le interesa que sus hijos tengan una mala imagen de su padre o ponerlos en su contra, "la que se equivocó fui yo, por no saber fijarse bien."

Valenzuela le puso fin a 6 años de inestabilidad matrimonial y aunque dejó muy preocupada a su madre, sabía que lejos del padre de sus hijos encontraría tranquilidad para ella y los niños.

Tuvo que elegir entre "un mal matrimonio y unos hijos sufriendo" dentro de éste, o salirse y hacer todo lo posible porque sus hijos "tuvieran una vida tranquila y en armonía aunque sea con su mamá."

Al llegar a Sanger a mediados del 2005, decidió improvisar un negocio de comidas en los sitios de construcción en los alrededores de Fresno, a donde acudía con hieleras que colocaba en su automóvil.

"No sabía hacer nada, ni cómo moverme aquí en los Estados Unidos," recuerda, pero aprendió a preparar tamales, tortas y burritos.

En México, Valenzuela trabajaba en el departamento de relaciones públicas de un equipo de béisbol, pero en los Estados Unidos no le sirvió de mucho, pues desconocía el inglés y los 6 años que duró casada nunca trabajó.

En Sanger, se levantaba a las 4 a.m. a preparar las comidas que vendía, a colocarlas en las hieleras y acomodarlas en el carro para tener todo listo antes de las 8 a.m., cuando tenía que llevar a su hija a la escuela.

Después de ahí se iba a vender a los sitios de construcción y se llevaba al niño más pequeño con ella.

Durante 3 o 4 meses siguió esa rutina, hasta que un día conoció a unos dueños de una "lonchera" y les pidió trabajar para ellos.

Su nuevo trabajo siguió siendo igual de demandante, pero al menos no tenía la responsabilidad de cocinar y transportar por ella misma los alimentos para vender.

Más adelante, entre uno de sus clientes se encontró a un empleado de ventas de la estación de radio para la cual actualmente es locutora.

Esa persona la animó a buscar un turno como talento para la 'Máquina de Fresno,' aprovechando que Valenzuela estudió comunicaciones en México y tenía facilidad de palabra.

Pero quien ahora es conocida como 'La Potranca' en 103.1 FM durante las tardes, no se atrevía a ir a la radio por cierta inseguridad, a pesar de la insistencia del contacto que había hecho meses antes.

Antes de presentarse a una audición, la sinaloense aceptó un empleo de cajera en un supermercado de productos mexicanos, pero finalmente decidió probar suerte en la radio y fue el 12 de diciembre del 2006 debutó al aire por más de 12 horas, durante la transmisión de los festejos por el día de la Virgen de Guadalupe.

"Estoy muy agradecida con este país, porque sí es un lugar de oportunidades," subraya.

Ahora sus hijos van a la escuela y se quedan ahí hasta más tarde dentro del programa "after school," con lo que Valenzuela, saliendo de trabajar va por ellos, les da de comer, y por la noche, los deja a cargo de su hermano para irse a cumplir su turno en la radio.

La única preocupación de Valenzuela antes de decidirse a dejar México era el hecho de que los niños, en los Estados Unidos, desde pequeños ya saben marcar el 911 y de algún modo con esto pueden manipular a los padres cuando los tratan de disciplinar.

"El gobierno influye para que nuestros hijos crezcan más rebeldes, se vayan a pandillas o se quieran creer independientes cuando toda la vida dependen de los papás."

También aclara que no está a favor de la violencia, pero "a veces tú reprendes a tus hijos con la sana intención de que sean personas de bien. Que sean unos buenos cristianos, unos buenos seres humanos, unas personas con humildad, que sean unas personas preparadas."

Valenzuela trabaja hasta los fines de semana, los sábados en la mueblería y los domingos tiene un turno en la radio.

Y dice que sus hijos "son los mejores hijos del mundo," mientras que de la radio ha recibido "tanto cariño, tantos amigos."

Valenzuela está consciente de la falta de una figura paternal para sus hijos, pero dice que "hay cosas que uno no puede decidir" y lamenta la poca comunicación de sus hijos con su padre.

Incluso, reconoce, ha cometido el error de decirles que él les manda regalos, cuando es ella quien se los da.

"Sé que lo ideal es que mis hijos tengan papá, y sí lo tienen, pero no está con ellos. No los busca como a mi me gustaría."

En cuestión de dinero, Valenzuela reconoce que a veces les manda a los niños, pero sólo cuando él quiere.

Y aunque dice que el dinero nunca sobra, a Valenzuela le contentaría mucho el simple hecho que el padre de sus hijos fuera más constante en llamarlos por teléfono por lo menos."

"Yo pensé que no me había equivocado en buscarles un buen papá. Ahora ni modo, tengo que enfrentar lo que venga.

"Todavía me echa en cara de que es mi culpa, de que si no vivo con él es porque no quiero. Pero él sabe por qué no quiero vivir con él."

Su madre tardó más de 20 años en divorciarse de un esposo abusivo y Valenzuela dice que con ello, ella supo que no seguiría el mismo camino que su progenitora.