Campesinas se quejan de acoso sexual

MADERA -- Trabajar como campesino es duro, a menudo las condiciones climáticas son adversas y es un empleo temporal que requiere de un gran esfuerzo físico. Pero si además se es mujer, hay circunstancias que llegan a convertir esa labor en poco menos que una pesadilla.

Las historias de acoso sexual, discriminación y hasta abuso o asalto sexual son temas muy cotidianos entre las mujeres que trabajan en los campos de California. De acuerdo al Southern Poverty Law Center, en un estudio reciente entre campesinas en el estado, el 90 por ciento de las entrevistadas dijo que el acoso sexual era un problema mayor en el trabajo.

Existen incontables historias de mujeres que día a día son acosadas con "piropos,"o sufren manoseos por parte de sus "mayordomos" y no hacen nada porque no saben que tienen derecho a reclamar, o porque en algunos casos temen ser tildadas de problemáticas, explica Marta Moreno, durante una reunión de Líderes Campesinas.

Moreno, originaria de El Salvador, hace más de 20 años que trabaja en el campo y ha sido testigo y objeto del acoso sexual que existe en los campos de California.

"No les importa (a los capataces) que sean casadas, las invitan al baile o les hacen insinuaciones. A las que están chiquillas las apartan a diferentes surcos...y (a ellas) después de las insinuaciones les da miedo y ya no regresan," detalla Moreno.

"A menudo, en estas precarias situaciones, las campesinas se sienten avergonzadas y les da miedo perder su trabajo," asegura Mónica Ramírez, directora del Proyecto Esperanza.

Abril es el mes de la Concientización sobre el Asalto Sexual y en ese marco, Líderes Campesinas en coordinación con el SPLC ha recorrido partes de California con el Proyecto Bandana, exhibiendo paños que han sido bordados y coloreados por mujeres que trabajan en el campo y en los que piden respeto y dignidad a su labor.

"Los pañuelos los usamos para protegernos de los pesticidas y otras sustancias pero también para pasar desapercibidas. Queremos a veces ser invisibles a los ojos de los mayordomos," agrega Moreno.

Se estima que una de cada seis mujeres y uno en cada 33 hombres en los Estados Unidos son víctimas de asalto sexual. Y que éste, es uno de los crímenes menos reportado. El asalto sexual puede ocurrir en diferentes formas: como acoso, en forma de caricias, al forzar a una persona a posar para imágenes sexuales, en cualquier rose sexual no deseado y como violación.

Margarita Contreras, de San Bartolo Salinas, Oaxaca, lleva 8 años de campesina en California y cuenta que, cuando recién llegó con un grupo de conocidos a trabajar, el capataz los apuraba porque no estaban completamente familiarizados con la cosecha y se burlaba de ellos.

"Nos decía que fuéramos al 'remate' a comprar un peine y un líquido para los piojos."

Contreras no sabe leer pero una de sus compañeras le ayudó a escribir en su paño 'Las campesinas merecen trabajar en un ambiente sano y seguro.' Y ella le bordó con hilaza de colores unos árboles con frutas, simbolizando su labor.

Herminia Arenas pertenece a la mesa directiva de Líderes Campesinas y aunque por su edad, dice, ya no es objeto de acoso, organiza juntas en su departamento para compartir información con otras mujeres.

"Aunque ya no le pase a uno, le duele lo que les pasa a los demás."

Con el objetivo de "correr la voz" y para evitar que se sigan repitiendo esos abusos, este grupo de mujeres lleva más de 10 años organizando juntas.

En ellas recuerdan con tristeza y horror historias como la de un capataz en el valle de Salinas que llegó al punto de colocar un sofá debajo de un árbol en los campos para cometer ahí sus delitos sexuales contra las trabajadoras.

Muchas de las historias son crudas y los nudos en la garganta se multiplican tanto para quien las cuenta como para quienes las escuchan.

"A una de ellas, a sabiendas de que estaba casada, que tenía su esposo, de todos modos abusaba de ella," relata Leticia Durán, ex campesina y ahora asistente de programas de Líderes Campesinas.

"A los hombres les pedía muy sutilmente que le trajeran cosas cuando iban a México, como una botella de tequila, unas botas o un cinturón de piel y así entonces sabían que tenían el trabajo asegurado.

"O le pagaban, le daban $100 para que les conservara el trabajo cuando se iban a México y regresaban."

Todo eso llegó a oídos de Durán cuando trabajaba con la Unión de Campesinos a mediados de los noventa.

"Dos de ellas (víctimas) querían llevar más allá este caso pero la que había sido más lastimada no quería hablar para nada de ellos (abusos), y entonces las demás tampoco se animaron."

William R. Tamayo, abogado regional de la Comisión para la Igualdad de Oportunidad en el Empleo en San Francisco, escribió en un reporte en el 2000 que "el acoso sexual de las mujeres que trabajan en el campo es un problema esparcido."

Una queja que sí avanzó

Hace algunos años, Olivia Tamayo decidió demandar a la compañía Harris Farms de Coalinga.

La campesina mexicana se quejó ante los tribunales de las violaciones que sufrió de parte de su supervisor en un período de tres años y en el 2005 un jurado federal en Fresno falló a su favor, otorgándole una compensación monetaria de más de $1 millón.

La Harris Farms apeló la decisión, argumentando que la evidencia que se admitió durante el juicio no debió haberle sido presentada al jurado.

Tamayo tardó seis años en romper su silencio y nunca levantó un reporte de policía contra su supervisor. Cuando se quejó en la compañía, la ignoraron y al poco tiempo no tuvo otro remedio que renunciar a su trabajo, pues era objeto de hostigamiento de parte de sus empleadores y de murmuraciones de parte de sus compañeros de trabajo.

En su testimonio, Tamayo dijo que fue violada por primera vez por su supervisor en 1993 en unas arboledas de almendra de la Harris Farm y que no supo qué hacer ni a dónde ir, y no podía decírselo a su marido.

También, detalló que después del incidente, su supervisor solía amenazarla con una pistiola y un cuchillo en el trabajo.

"La mujer calla porque se le va a echar la culpa, porque los familiares no quieren que se sepa que algo les está pasando, o por muchas otra razones," dice Mily Treviño, directora de Líderes Campesinas.

A eso se suma el temor a ser despedida o a ser reportada a las autoridades de inmigración, cuando es indocumentada.

"El simple hecho de que tengamos información y no juzguemos a la mujer, que sepa que la apoyamos y la entendemos, eso le va a dar confianza de platicar lo que le está pasando," agrega Treviño.

De cualquier manera, abordar esos temas es difícil, reconoce la activista. "Necesitamos aprender a cómo no juzgar a la mujer."

Es duro hablar del tema, pero Líderes Campesinas quiere que al menos lo intenten.

"Cuando pasa algo, la gente debe de buscar ayuda, tratar de encontrar a los indicados para que escuchen su queja," concluye Treviño.

El viernes pasado, la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito de los EE. UU. reafirmó el veredicto en favor de la EEOC y la campesina Tamayo en su demanda por acoso sexual y represalia contra la Harris Farm.

"En los últimos años, he hablado con muchas campesinas que no sabían que estaban protegidas contra el abuso en los campos. Esta decisión es para todas las que piensan que no sirve de nada hablar," dijo Tamayo al enterarse de la decisión a su favor.

Para más información sobre Líderes Campesinas marque (909) 865-7776 o, para contactar a la Comisión de Oportunidad e Igualdad en el Empleo marque (800) 669-4000.

Mande correo electrónico a:

svelazquez@vidaenelvalle.com