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MÉXICO

El líder del sindicato mantiene un dominio absoluto sobre las escuelas de México

McClatchy Newspapers

(Published Tuesday, June 26th, 2012 08:57AM)

Elba Esther Gordillo, de 67 años de edad, "presidente de por vida" del sindicato nacional de profesores en México, rara vez se aventura a salir en público sin ropa de diseñador y los bolsos de Chanel, Prada, Louis Vuitton y Hermes.

Se hace alarde de riqueza y poder, y ella puede caminar por las puertas de Los Pinos, la Casa Blanca mexicana, en cualquier momento.

Habitualmente considerada como la menos popular de los más prominentes de las figuras de la nación, amigos y enemigos por igual la conocen simplemente como "Elba Esther" o "la Maestra."

Su estilo de brazo opaco y fuerte y la fortuna personal que ha amasado subrayan cómo el viejo México de poder corrupto y el privilegio, que reinó en el siglo 20, todavía perdura en los bolsillos, incluso las pulgadas de la nación hacia la modernidad.

Nativa rural del estado de Chiapas al de sur México, Gordillo se levantó de un puesto humilde en una escuela primaria en Nezahualcóyotl, un suburbio deprimido de la ciudad de México, a través de las filas del sindicato más grande en América Latina, llegando a ser el subalterno y amante del líder del sindicato.

En 1989, el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari le dio un empujoncito para ser la cabeza del sindicato de maestros, una columna vertebral de la fuerza por el Partido Revolucionario Institucional el PRI, en sus siglas en español que gobernó desde 1929 hasta el 2000 y se espera recuperar la presidencia en el voto este 1ro. de julio.

De manera significativa, el candidato del PRI del 2012, Enrique Peña Nieto, es el único de los que buscan la presidencia que no se ha comprometido a deshacerse de Gordillo al asumir el cargo.

La voz ronca de Gordillo, sus gustos de diseño y su predilección por el bisturí del cirujano plástico han hecho de ella un tema fácil para los caricaturistas, pero como jefe del sindicato, Gordillo muestra el cálculo inflexible en mantener a sus enemigos fuera de balance, aprovechando a los políticos favorables y purgando aquellos que considera potenciales adversarios internos.