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The Miami Herald

Juliet Rico, 45, uninsured, had life-saving surgery at Jackson Memorial -- a case that says a lot about Jackson costs and how it helps those who have no where else to turn. Rico works as an office manager at Dale of south Florida, an off-price apparel distributor, that can't afford to provide insurance for employees.

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La pesadilla de no tener un seguro médico

jdorschner@MiamiHerald.com

(Published Thursday, February 9th, 2012 06:41AM)

Cuando Juliet Rico fue a operarse al Jackson Memorial el otoño pasado, ella temía que como paciente sin seguro médico no recibiría un buen trato en el enorme hospital público.

“Decir que yo estaba aterrorizada”, dijo, “es decir poco”.

Su caso era complicado, en parte al menos porque ella había estado dejando para después cuidados médicos que no podía pagarse. Ella sufría de anemia, sangramiento uterino y coágulos sanguíneos que ponían en peligro su vida. Ella había recibido tratamiento para los coágulos y el sangramiento en la sala de emergencia de otro hospital, pero cuando los médicos decidieron que ella necesitaba una operación, ella descubrió que su única solución era el Jackson Health System, los atribulados hospitales públicos de Miami-Dade que han perdido $423 millones en los últimos tres años.

El caso de Rico ilustra los problemas claves que enfrenta el Jackson en su lucha por sobrevivir: problemas de imagen, casos de caridad tan complicados que ningún otro hospital se ocupa de ellos, y hospitalizaciones más largas de lo promedio, que han resultado desastrosas para las finanzas del Jackson.

Para Rico, Jackson terminó siendo su salvación. Aunque se vio lanzada en un laberinto burocrático, y pasó 14 días en el hospital, ella salió del mismo elogiando “los enfermeros, ayudantes de enfermero, médicos y hasta los empleados de servicio de comidas más bondadosos y profesionales”. Su caso costó a los contribuyentes $24,000, según el portavoz del Jackson Edwin O’Dell.

Nacida y criada en Hialeah, Rico, de 45 años, vive con su hija adolescente y su madre discapacitada. Ella gana unos $500 a la semana como secretaria en una tienda de ropa a descuento con cinco empleados que no puede permitirse ofrecer seguro médico. Ella casi nunca iba al médico debido al costo.

Hace unos 15 años, un médico le dijo que ella tenía fibromas uterinos (tumores no cancerosos). Durante años, fueron una molestia sin mucha importancia. Luego, en el 2007, se complicó su salud cuando le diagnosticaron diabetes. En el 2008, ella empezó a presentar una cojera que fue empeorando hasta que su hermana, quien vive en la zona oeste del condado Broward, la convenció de que fuera con ella a la sala de emergencia del Memorial Miramar. Los médicos le encontraron un coágulo en la pierna que requirió anticoagulantes y un ingreso de tres días que el hospital, propiedad del gobierno, clasificó como atención de caridad y no le cobró.

En los años que siguieron, ella estuvo hospitalizada tres veces en el Memorial Miramar. Es un hospital nuevo, a una distancia conveniente en auto de su casa en Hialeah, y “no tenía la reputación terrorífica” que ella había oído sobre el Jackson Memorial.

Una de esas veces ella presentaba dificultad para respirar. Los médicos de la sala de emergencia le encontraron un coágulo en cada pulmón y uno en una pierna, que se consideraron “que ponían en peligro su vida”, afirma ella que le dijeron.

Su salud siguió empeorando. Ella empezó a padecer de anemia, con frecuente sangramiento uterino: “No tenía vida. Estaba demasiado débil, demasiado mareada”.

En su última visita a la sala de emergencias del Memorial Miramar, en febrero del 2011, ellos le pusieron una transfusión, la estabilizaron y le dijeron que necesitaba una histerectomía. A las 7 a.m., horas antes de la operación, le dijeron que, como no tenía seguro médico, el hospital no permitía la operación, sino que la remitieron a una clínica pública en el condado Miami-Dade, dijo ella a The Herald.

La portavoz del Memorial Kerting Baldwin dijo que, lo mismo que cualquier otro hospital, Memorial Miramar tiene la responsabilidad legal de estabilizar a un paciente, lo cual incluye detener un sangramiento. Una vez que un paciente está estabilizado, la cirugía se hace un procedimiento electivo, y no obligatorio. Para una operación electiva, el paciente puede ir a cualquier parte pero también tiene que mostrar la capacidad financiera de poder pagar. Y la principal responsabilidad de un hospital de protección social, que da servicios a personas pobres y sin seguro médico, son sus propios contribuyentes, que en el caso del Miramar son los residentes de South Broward, dijo Baldwin.

Ella dijo que Rico calificaba para atención de caridad, lo cual significa que los contribuyentes de Broward pagaron unos $40,000 por sus tres ingresos. “”Muchas veces remitimos a los pacientes a los condados en que residen, en los cuales a menudo hay programas” que cubren atención no urgente para personas sin seguro.

Baldwin dijo que el expediente médico muestra “que la pacienta expresó preocupación por su responsabilidad financiera, sabiendo que este sería un procedimiento electivo, y que ella no tenía seguro… No hay notas en su expediente que digan que la operación se canceló ‘justo antes de entrar al salón”.

Después de Miramar, Rico escogió la clínica que le quedaba más cerca, el Centro Comunitario de Salud Jessie Trice en NW 54 Street y 22 Avenue. Después de una espera de ocho horas, un empleado miró su expediente médico y le dijo que fuera al Jackson.

Le tomó dos meses de esperar y hacer llamadas hasta que pudo sacar un turno para una evaluación financiera en el Jackson Memorial. Ella calificó para atención de caridad. En julio, se hizo un ultrasonido en una clínica del Jackson.

En septiembre, ella vio finalmente a una doctora del Jackson, Ankita Desai, quien examinó el ultrasonido y le dijo que ella necesitaba hacerse una histerectomía, la misma noticia que le habían dado siete meses antes en el Miramar. Pero, finalmente, Rico se sintió reconfortada: la doctora le dio su dirección de email. Cada vez que Rico tenía una pregunta, Desai le respondía de inmediato.

Rico no sabía que Desai estaba en su segundo año de residencia y sólo se estaba entrenando como gineco-obstetra. Desai dijo que ella da a menudo su email: “Los pacientes pueden perderse con mucha facilidad”.

Varias semanas después, Rico estaba en el Jackson Memorial preparándose para su operación. Ella pagó un deposito en efectivo de $600 al ser admitida, un dinero que recaudó vendiendo sus prendas. Como ella no podía ser operada si estaba tomando un anticoagulante, fue ingresada dos días antes de la operación para que la tuvieran bajo observación. Ella dijo que estaba “con los nervios destruidos” antes de la operación, pero los médicos y enfermeros “me tranquilizaron. Ellos me explicaron las cosas paso a paso”.

El equipo quirúrgico estaba encabezado por Ira Karmin, gineco-obstetra de la Universidad de Miami, quien supervisaba un equipo de residentes bajo la dirección de Paola Bordoni. Ellos dijeron que la operación fue más complicada en parte debido al peligro de formación de coágulos.

Rico estuvo hospitalizada durante dos semanas, lo cual se considera una estadía prolongada en la mayoría de los hospitales. Ejecutivos del Jackson han estado trabajando duro para rebajar la duración promedio de la estadía, que han sido tan altas que el presidente de la junta directiva del Jackson Marcos Lapciuc las calificó de “tóxicas” para las finanzas del Jackson. Hasta el 1 de enero, los pacientes del Jackson tenían un promedio de 6.5 días, mucho más que un hospital comunitario como el Kendall Regional, cuya estadía promedio es de 4.2 days.

Los ejecutivos del Jackson saben que el sistema siempre contará con estadías más largas. El Jackson recibe pacientes en peor estado de salud, como el caso de Rico. Ellos se ocupan de procedimientos más complicados, tales como trasplantes de órganos. Y es un hospital docente, en que los residentes a menudo ordenan exámenes adicionales como parte de su educación. No obstante, los ejecutivos del Jackson están convencidos de que la longitud promedio de estadía podría acortarse por medio de medidas que aumenten el rendimiento.

En el caso de Rico, los equipos de médicos la mantuvieron bajo observación constante para prevenir coágulos más de una semana después de la operación, a medida que se le aumentaba la dosis de anticoagulantes. Su estadía acabó siendo más del doble del promedio.

Rico se lo agradeció. “En cualquier otro hospital, me hubieran enviado a mi casa en tres o cuatro días… Los cuidados que ellos me dieron, tanto en el plano médico como en el personal, fueron de primera”.