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A Tony Gonzales lo han tumbado muchas veces en muchas diferentes maneras durante sus 42 años de edad.
Ha habido golpes a la cabeza de cuando peleaba. De cuando andaba por las calles, cuando no tenía donde vivir y alucinaba por inyectarse heroína hasta quedar inconsciente.
Un guerrero inferior hubiera tirado la toalla. Pero en esta mañana, Gonzales estará de pie de nuevo, un testamento a la perseverancia, la recuperación, y las manos de ayuda. A su vez, él ha aprendido a ayudar a otros, dándoles la esperanza de que ellos también se pueden recuperar.
"Yo me veo con tantas bendiciones, cuando me pongo a pensar en lo que yo era," dijo Gonzales.
Él trabaja el turno de 1 a.m. a 9 a.m., en Catherine Lane, un hogar para media docena de hombres y mujeres con enfermedades mentales en Grass Valley. Había un árbol navideño en la sala de la casa, de la cual Turning Point Providence Center es dueño, el proveedor de servicios para salud mental sin fines de lucro en el Condado de Nevada. Gonzales ayuda en lo que los residentes puedan necesitar, y se asegura de que están fuera de peligro.
"No hay mejor trabajo que ayudar a la gente," dijo él cuando se terminaba su turno el otro día. "Todo lo que uno tiene que hacer es ser agradable. ¿Qué tan difícil es eso?"
A principios de su vida, Gonzales no sabía mucho de ser agradable. Él creció en muchos lugares, Inglewood, San Diego, San Bernardino, y apenas conoció a su padre, quien estaba en la prisión por vender drogas. Él vivió en hogares de crianza, y un amigo del vecindario murió por disparos que llegaron desde un automóvil.
Él también aprendió a pelear. En el mundo del boxeo amateur a finales de los años 1980 y a principios de los 1990 Gonzales sobresalió, llegó a ser campeón amateur de peso mosca en 1988, y campeón amateur de peso gallo en 1989.
En 1990, una noticia en Los Ángeles Times reportó que dos boxeadores del Sur de California estaban ayudando al equipo de Norteamérica a dominar a los europeos en la competencia por la Copa Olímpica de los Estados Unidos. Uno de ellos era Óscar De La Hoya, quien después se convirtió en el gran campeón.
El otro era Tony Gonzales.
Hace mucho que Gonzales perdió las medallas y trofeos que había ganado. Pero hace poco se encontró un CD de una pelea con Eddie Cook, como de agosto de 1990. Puso el disco en la televisión y vio la pelea. El anunciador dice que Gonzales es un boxeador inteligente. Veo lo rápido que es. Gonzales se acuerda de lo duro que pega Cook.
"Un tanque," dijo Gonzales.
Gonzales le había ganado a Cook dos veces antes, y dos veces después. Pero esa vez, Cook ganó. El anunciante suena sorprendido por la decisión, y el público lo abuchea.
Después Cook se hizo profesional y llegó a ser el campeón de peso gallo.
Robert Coons, quien dirige el Instituto de Atletismo Amateur de los Estados Unidos en San Diego, fue el entrenador de boxeo de Gonzales y su padre de crianza, y comparó a Gonzales con los mejores de su tiempo, incluyendo a De La Hoya.
"Tony estaba a esa altura," me dijo por teléfono. Pero algo faltaba. "Había destreza, tiempo y estilo de vida, y había suerte. Tuvimos que superar tantos obstáculos."
Gonzales se hizo profesional y ganó buen dinero, pero no le duró. Para cuando tenía 25 años, él llegó a la conclusión de que no iba a llegar a ser campeón, y se dedicó al negocio de la familia, la venta de drogas. Él consumía demasiada de la mercancía y empezó a deambular de ciudad en ciudad.
Durante los siguientes 10 años, él se imagina que lo encarcelaron como 50 veces o más. Se drogaba, tiraba golpes a los policías, y sin duda alguna lo detenían de ruda manera. Tiene una cicatriz en la frente de un golpe que le dieron con un tubo. La heroína llegó a ser la droga de su elección porque no lo dejaba alucinar.
Él perdió el conocimiento por una sobredosis en los muelles de Portland.
Mientras los paramédicos trabajaban por mantenerlo vivo, él dice que rezó diciéndole a Dios que la sobredosis había sido un error, porque tenía miedo de morir y ser condenado al infierno por haberse suicidado. Él despertó en el hospital y se salió sin ser dado de alta porque necesitaba la droga.
Llegó hasta Sacramento, donde usó y vendió drogas, y pasó tiempo en el Centro para Tratamiento de Salud Mental del Condado de Sacramento, y en la cárcel del Condado de Placer.
En ese tiempo, conoció a una mujer, Heather Peterman. Él reconoce que fue ella quien lo salvó aunque la relación no empezó bien. Ellos usaban drogas, tuvieron un hijo, y fue arrestado cuando un segundo hijo venía en camino. La posibilidad de perder la custodia fue su llamado de alerta. Él necesitaba más.
En 2008, Gonzales estaba en la cárcel, en esta ocasión estaba en el Condado de Nevada. Dada su historia de lesión cerebral y enfermedad mental, un juez del Condado de Nevada ordenó que recibiera cuidado de salud mental después de su liberación. Un trabajador social de Turning Point lo conoció en la cárcel, lo trajo a la oficina de Grass Valley, y lo inscribió para que recibiera consejería y cuidado psiquiátrico.
En esta ocasión, él siguió las reglas y aclaró su mente. Turning Point vio potencial en él y le dio el trabajo de conserje. El año pasado, Turning Point lo contrató como trabajador social, lo que ellos llaman un coordinador de servicio personal. Él ayuda a dirigir sesiones de terapia en grupo.
Por su cuenta, él entrena en el boxeo, principalmente como voluntario.
"Él es un fantástico modelo a seguir para sus compañeros," dijo Carol Stanchfield, el ejecutivo de Turning Point. "Él nos muestra a todos lo que es posible."