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Desde que Hilda Suárez se mudó de Salinas en 2005, la abuela de 37 años de edad ha tenido que lidiar con un divorcio, la pérdida de dos empleos y un embargo hipotecario.
Ella no se arrepiente de haberse mudado, después de todo valió la pena el haber traído a sus hijos -- incluyendo a Daniel Gaytán, el campeón reinante de la lucha olímpica de preparatorias en el estado con 119 libras de peso -- a un ambiente más seguro.
"Llegamos a ver balaceras enfrente a mi casa," dijo ella. "Un día mi hijo Daniel fue a la casa de un amigo y regresó diciendo, 'Uno de mis amigos me preguntó si quería fumar marihuana.' Y (Daniel) apenas tenía 3 años de edad (en aquel entonces).
"Teníamos muy buenos trabajos, pero de qué sirve si uno no puede tener seguridad para sus hijos. Sí, ahora estamos batallando en lo económico pero vivimos en paz y eso es lo que importa."
En una reciente mañana de un fin de semana en diciembre, Suárez mecía en sus brazos a su nieta y animaba a sus hijos Daniel y Jonas Gaytán mientras participaban en la prestigiosa competencia Zinkin Classic.
Daniel, quien cursa el doceavo grado en la Escuela Preparatoria Clovis, quedó en segundo lugar en el torneo que atrae a campeones del estado de todo el oeste.
Jonas, de 17 años, es un estudiante del onceavo grado que terminó en quinto lugar en la división de 112 libras de la competencia estatal el año pasado.
Julián, de 15 años, quien cursa el noveno grado, se vio obligado a retirarse temprano de la competencia Zinkin Classic debido a una lesión.
Los tres eran animados por sus hermanos Desiree de 19 años, Julia de 15, y Jonathan de 9. El menor ya empezó su entrenamiento en la lucha olímpica.
Suárez y su exesposo, Gerardo Gaytán, se sentaron en lugares separados en la competencia Zinkin Classic.
Él trabajaba para una compañía de ingeniería y ella en contabilidad. Pero la compañía donde ella trabajaba cerró después de que se mudaron a Clovis y Gerardo perdió su trabajo también.
Ella encontró trabajo dos semanas después, pero allí también empezaron a descansar a los empleados.
"Teníamos una de esas hipotecas que empezaron con $1,500, pero al final ya era de $4,000," dijo Suárez.
"Pero sabe qué, era difícil pero hay gente que está en peor situación que nosotros. Ahora tenemos nuestra casa, nuestros hijos están saludables, y tenemos comida en nuestra mesa. A lo mejor no tenemos mucho pero tenemos algo."
Suárez empuja a sus hijos en la lucha olímpica con la esperanza de que les sirva para becas universitarias.
Ella aprendió la ética laboral de su padre, un trabajador del campo originario de Michoacán, México.
"Su duro trabajo se quedó conmigo y yo pude pasarle eso a mis hijos. Ellos saben que la lucha olímpica es dura y que es difícil con la escuela. En realidad uno no tiene mucho tiempo para ninguna otra cosa. Ellos saben que si uno quiere algo, uno tiene que trabajar para obtenerlo," dijo ella.
Suárez está orgullosa de completar su primer año en Fresno City College. Ella espera graduarse de dietista certificada y cree que sus sueños universitarios animarán a sus hijos a seguir sus propios sueños.