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Es raro ver al gobernador Rick Perry recibiendo una paliza política por no ser lo suficientemente belicista, pero sus colegas republicanos están teniendo un momento feliz dandole en la derecha sobre el tema de la inmigración nacional. La candidatura de Perry que una vez estuviere arriba de repente se ve como un pato herido en el descenso. Perry tiene una elección: Podía llegar a medieval y encender fuego a la charla anti-inmigrante, o de manera más eficaz defender los principios que él ha establecido.
Instamos a Perry que se pare al lado de los dos puestos de sentido común que le están costando muy caro -- su oposición a la valla fronteriza de 2,000 millas y su firma en un proyecto de ley que otorga pago de la matrícula estatal a algunos estudiantes que se encuentran en el estado ilegalmente. La cerca es una llamada evidente. Como gobernador de la frontera, Perry habla con autoridad sobre lo absurdo de tratar de asegurar la frontera entre los Estados Unidos y México con una valla simple.