Octavio Viramontes aprende de su hermano
Por CYNTHIA MORENO / Vida en el Valle
(Published Tuesday, June 7th, 2011 03:44PM)
EARLIMART -- Los mellizos Octavio y Omar Viramontes, que nacieron con un raro problema de dicción, sorprendieron a sus padres y a doctores en México.
"No sabían hablar. Los llevamos a muchos doctores en México y ninguno supo qué era lo que tenían," dijo su padre, José Viramontes, un trabajador del campo de Earlimart.
Una cosa que sí sabían era cómo causar problemas.
"Los dos señalaban a algunas cosas y empezaban a correr. Si uno quería correr, el otro corría con él. Si uno quería comer, el otro comía también. Ellos eran problemáticos aunque no se podían comunicar," dijo el padre.
Ahora, Octavio y Omar siguen siendo competitivos, y ambos están siendo noticia por otras razones.
Octavio recientemente recibió una beca completa para ir a Harvard, la universidad más prestigiosa del país. Eso es encima de otras 20 becas, incluyendo la prestigiosa Gates Millennium, Dell Scholars y Coca Cola.
Aparte de la beca de Harvard, Omar recibió las mismas becas el año pasado. Omar, se graduó en tres años de la escuela preparatoria Delano, y está por terminar su primer año en la Universidad de California San Diego donde estudia ingeniería.
Octavio también recibió la beca de $100,000 Proton Scholarship para estudiantes que se dedican a las ciencias.
Esa competencia fraternal -- junto con la insistencia de José de que ellos también aprendieran por experiencia propia las batallas de un trabajador del campo -- los ha llevado a una excelencia académica.
"Yo y mi hermano eramos muy competitivos y admito que él siempre fue un poco mejor que yo en todo, tanto en deportes como en lo académico," dijo Octavio. "Él me inspiró a llegar a ser alguien grande. Así como él se empujaba a sí mismo, yo me empujaba para ser igual o mejor."
Su madre, María, quien terminó algo de estudios universitarios en México, puede atestiguar a la competitividad de los hermanos.
"Si Omar jugaba un deporte, también Octavio lo hacía. Si Omar entraba a un club, también Octavio. Si Omar recibia un premio, Octavio trataba de conseguir el mismo premio," dijo María.
José recuerda el día en que Omar entró a la casa con su boleta de calificaciones.
"Tenía sólo calificaciones de A. Octavio entró detrás de él y le pedí que me enseñara sus calificaciones y me contestó, '¿Por qué? Ya viste las de Omar. ¿Qué importan las mías?' Yo sabía que siempre que eso pasaba era porque Octavio tenía una B en su boleta," dijo José, quien llegó a California a principios de los años sesenta desde su natal Zacatecas, México "recién casado, sin dinero y sin papeles."
José siempre ha insistido que sus cuatro hijos -- el mayor, José Daniel, de 25 años, no habló inglés durante sus primeros dos años en los Estados Unidos, pero fue a la universidad y ahora está estudiando para su maestría en la Universidad Estatal de California en Bakersfield -- se enfoquen en la educación.
Él también se aseguró de que no olvidaran la vida dura de un trabajador del campo.
Un año, él los levantó antes del amanecer en una fría mañana de diciembre para podar parras.
"Era uno de los días más fríos de diciembre en el Valle, y cuando vieron que había hielo y hacía frío, me preguntaron, 'Papá, ¿tú haces esto todos los días?' Cuando les dije que sí, ellos se sorprendieron de vivir en persona lo difícil que era para mí ganarme la vida," explicó José.
Él también los ha llevado a pizcar uvas durante los calientes meses de verano.
"Me acuerdo que un día ellos me dijeron, '¿Papá, nomás ganas $8 por hora?' " José respondió, "Bueno si quieren tener una vida mejor que la mía, encuentren la manera de ganar más dinero."
Octavio y Omar entendieron el punto.
"Yo empecé a ver todos los sacrificios que mis padres hicieron y eso fue lo que me hizo cambiar, y cuando ví eso pensé, 'Tengo que tomar la escuela más en serio. Quiero ir a una buena universidad y tengo que conseguirme una buena educación. Tengo que cambiar,' " dijo Octavio.
Octavio todavía ayuda a la familia vendiendo elotes frescos dulces de casa en Earlimart. Él también ha donado más de mil horas en tutoría con estudiantes y dándose de voluntario en campañas políticas locales.
Las becas les están permitiendo a Octavio y a Omar hacer ese cambio.
"Trabajamos en los campos. No hay manera de que podamos pagar $58,000 al año por la educación de Octavio," dijo José, refiriéndose a la colegiatura anual de Harvard.
El padre de familia en una ocasión pensó en vender la casa que tiene la familia en Zacatecas para pagar por la edcucación universitaria de sus hijo. Ahora, ya no hay necesidad de eso.
Octavio se acuerda que recibió un sobre blanco en el correo.
Adentro venía un sobre rojo. Él había sido aceptado a Harvard.
"Cuando le dije a mi papá que me habían aceptado, yo supe que él quería llorar pero no lo hizo. Yo lo vi en sus ojos. Él estaba tan orgulloso porque él nunca se hubiera imaginado que alguien de un pequeño pueblo de México viniera a los Estados Unidos, trabajara tan duro y nunca se imaginaría que uno de sus hijos estaría asistiendo a una de las mejores universidades del mundo," dijo Octavio.
Entonces, ¿qué es lo que Octavio va a estudiar en Harvard?
"Yo creo que también voy a estudiar ingeniería biomédica como mi hermano," dijo él.
