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Para una nación que ha dependido mucho en contribuciones de los inmigrantes desde su nacimiento en 1776, los Estados Unidos de América no puede determinar si es bueno o malo dejarlos entrar a este país. La historia documenta como trataron a los chinos rieleros después de que ya no los necesitaban, como los braceros mexicanos fueron bienvenidos por su trabajo durante la Segunda Guerra Mundial pero que después fueron tratados como humanos de segunda clase, o como miles de ciudadanos americanos fueron deportados en 1954 bajo Operación Mojado.
El jueves pasado, el Tribunal Supremo contribuyó a esta dilema cuando apoyó la ley de Arizona que multa a negocios por emplear a trabajadores indocumentados. La corte dijo que legislación federal no prohibe a los estados en forzar a empleadores a usar el sistema E-Verify para verificar el estatus de sus empleados.
El Congresista Lamar Smith, republicano de Texas, alabó la decisión. "No sólo es esta ley constitucional, pero también tiene sentido común. Los trabajos americanos deben de ser preservados para americanos o para trabajadores legales," él dijo.
Alguien se le olvido a decirle a Smith que los americanos y trabajadores legales dejaron de pizcar uvas, cortar el céspde y otros trabajos de bajo pago hace un gran tiempo.
Este país no quiere aprender de su pasado, y son los indocumentados que van a sufrir las consecuencias.